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"Antología del relato español".
Un libro singular
de Javier Memba
No hay duda: la polémica parece
ser el destino de toda antología. Al consabido
"no están todos los que son", que se
suele apostillar a esta clase de selecciones, cabe oponer
pero "son todos los que están". "¿Por
qué esos y no otros?.." "¿Por
qué otros y no estos?.." Todo se puede discutir.
Pero una de las cosas que parecen no dejar lugar a dudas
es la infrecuencia de selecciones de relatos autóctonos
en el panorama editorial español.
En mis ya treinta y tantos años de lector preocupado
por los textos que descubro más allá del
placer inmediato que proporciona su lectura recuerdo,
antes que ninguna otra, aquellas esplendidas antologías
poéticas que Taurus publicó a finales
de los años 70, de las que El grupo poético
de 1927 (1976), selección de Ángel González,
y El grupo poético de los años 50 (1978),
de Juan García Hortelano, son los mejores ejemplos.
Con idéntico cariño que la lectura de
aquellos versos me viene a memoria la espléndida
Los mitos de Cthulhu, una maravilla al cuidado de Rafael
Llopis, dada a la estampa por Alianza Editorial en 1969,
en la que se reunía la mejor selección
de narraciones de terror cósmico que se pueda
imaginar. Loable igualmente es la Antología de
cuentos de terror, que Llopis reunió en tres
volúmenes a comienzos de los años 80,
también en Alianza Editorial.
Sin embargo, aunque no faltan ejemplos como la célebre
Páginas Amarillas, que la editorial Lengua de
Trapo publicó en 1997, donde Sabas Martín
reunió a los más destacados miembros de
la generación de narradores que se dio a conocer
en los años 90, tengo la sensación de
que los florilegios -especialmente los de relatos- no
son textos especialmente pródigos en nuestro
panorama editorial. De ahí que La antología
del relato español de Ediciones Irreverentes
sea un libro singular. Más aún, el cuento
breve, que es exactamente lo que aquí se nos
ofrece, es un género -en líneas generales-
distante a nuestra literatura. No en vano alcanza su
máxima expresión en la escrita en otras
lenguas. Así, la inglesa en su vertiente estadounidense
-Poe, Bierce-, la alemana -Hoffman, Kafka- o la francesa
-Cazotte, Maupassant-. Tal vez se deba a que el cuento,
tal señala Luis Alberto de Cuenca en el prólogo
a estas páginas, es heredero directo del mito
y el mito toca muy de cerca de lo sobrenatural. Lo sobrenatural
-seguiría el racionamiento- siempre ha estado
perseguido en un país como el nuestro, donde
el Santo Oficio operó oficialmente hasta la invasión
francesa, de la que en breve se cumplirán 200
años. Es decir, apenas nada en el curso de la
historia.



Habida cuenta de que los temas fantásticos
hasta hace poco podían costar la hoguera a sus
cultivadores, nada más normal que ese realismo
en la tradición literaria española. Bien
es cierto que a esto podrían oponerse las Leyendas
de Bécquer -los primeros cuentos que tuve oportunidad
de leer- y toda esa narrativa romántica que incluso
en España es, más aún que fantástica,
gótica. En fin, no obstante el eterno "sí,
pero no" que puede aplicarse a casi todo, lo cierto
es que en España los grandes narradores han sido
novelistas -que no cuentistas- y siempre han estado
apegados a la más estricta realidad. Lo cierto
es también que el cuento, por los mismos motivos
que la literatura fantástica, es algo infrecuente
en nuestras letras.
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