|
KADARÉ, PREMIO A LA METÁFORA
ALBANESA
de Pedro Antonio Curto
Tras haber sido candidato al Nobel y
al propio Príncipe de Asturias, por fin el escritor
albanés a alcanzado uno de ellos. Definir la
obra de Kadaré es difícil porque nos encontramos
ante un autor con un mundo universal propio, con unas
características que son difíciles situar
en corrientes o generaciones, más allá
de poder identificarlo con esa literatura miteleuropea,
en general poco conocida y que sin embargo es uno de
los testigos de las encrucijadas y destinos a veces
trágicos del continente europeo. Y es precisamente
esa referencia geográfica, la que más
define la obra kadariana. Todas las novelas tienen de
una u otra manera el marco geográfico albanés,
nos hablan de los siglos de dominación otomana
como Los tambores de la lluvia o El Palacio de los sueños,
del régimen socialista como El gran invierno,
pero a pesar de situarse en una paisaje, el albanés,
que nos puede resultar extraño, sus obras nos
resultan cercanas. Porque parten de un territorio concreto
pero su temática es universal, el destino trágico
del ser humano, la crueldad del poder y sus vericuetos,
el peso de la mitología y la tradición
en la sociedad, el prejuicio. Al igual que Kafka escribió
desde Praga una obra universal y con visión de
futuro sobre el destino de la humanidad, Kadaré
lo ha hecho desde tierras albanesas. Influenciado por
los clásicos griegos, su vida y carrera ha ido
pareja a la de su país; estudiante de literatura
en Moscú, tuvo que partir de la Unión
Soviética tras la ruptura de su país con
el bloque soviético. Así conoció
el progresivo aislamiento de su país en una curiosa
dualidad: desarrolló una exitosa carrera literaria
entre los estrechos márgenes que el régimen
le permitía, con los problemas de censura y de
sometimiento a un vacío "realismo socialista"
donde lo único válido era el "héroe
positivo". A pesar de sentirse incomodo con las
rigideces del régimen, durante décadas
no es oficialmente disidente, incluso participa en algunas
instituciones oficiales, así es diputado o vicepresidente
del Frente Democrático, entelequia presidida
por la propia esposa del Dirigente, Nexmhe Hoxha. Sólo
al final, cuando en el verano de 1999 miles de jóvenes
toman las embajadas albanesas y se inicia el principio
del fin, decidirá exiliarse en Francia. Esa "disidencia
callada", es fundamentalmente, a parte de su propia
evolución, fruto de una fuerte identidad albanesa,
que le ha llevado a levantar la voz en defensa de los
albaneses de Kosovo. Y aquí situar una curiosa
paradoja, lo mejor de la obra de Kadaré, al menos
hasta ahora, es aquello escrito bajo el régimen
comunista: El nicho de la vergüenza, El monstruo,
El general del ejercito muerto, El viaje nupcial...Son
metáforas que hablan de la podredumbre del mundo,
de las miserias del hombre, pero también de su
supervivencia, de lucha frente a destinos marcados,
de los submundos que nos habitan. Y una novela que viaja
a la negrura de las burocracias y los oscuros mundos
del poder, a los universos que marcó Kafka, y
que está destinada a ser un clásico inmortal:
"El Palacio de los sueños".
Y desde la modestia, no puedo dejar de considerar a
Ismaíl Kadaré uno de esos escritores referentes
que han influido en mi obra, en particular mi última
novela "Los
amantes del hotel Tirana", que bebe de ese
enorme país literario que es Albania.
|