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De las lágrimas a la estética
de Eros
de Pedro Antonio Curto
U NA mujer japonesa
con una mascarilla cubriéndole la boca contempla
con curiosidad las pinturas, fotografías, esculturas
y videos que se muestran en el Museo Thyssen dentro
de la exposición 'Lágrimas de Eros'. Aunque
supongo sería como medida preventiva ante la
famosa gripe, no deja de ser una curiosa metáfora
de cómo observa la sociedad todo lo relacionado
con el erotismo: con el mismo temor que deslumbramiento.
Ésta exposición toma el
título de un libro de George Bataille, un escritor
y filosofo francés que escrutó las pulsiones
de eros con un ojo clínico y frío por
un lado, con una erudición tan pasional como
transgresora por el otro. La muestra no se centra en
una ilustración de la obra del autor, sino que
realiza un viaje a través de los principales
iconos de su cosmovisión sobre el erotismo: la
ambivalente relación entre eros y tanatos, la
voluptuosidad como una parte esencial de la sexualidad
del hombre alejada de la animalidad y lo sagrado como
una de las formas que representan nuestras pulsiones
sexuales. En ese camino la exposición se inicia
con Venus para luego ir a una Eva y su serpiente, que
atraviesa épocas y formatos. Así de las
pinturas pasamos a la actriz Natassja Kinski (junto
a Marilyn una de las representaciones modernas del eros)
vestida con una serpiente en una magnífica fotografía.
Y es que el peso de lo religioso atrajo poderosamente
a Bataille quien adivinó que negación
y represión del eros, venía acompañado
de una irresistible atracción. Así nos
dice en su libro: «En la historia del erotismo,
la religión cristiana desempeñó
una función clara: su condena. En la medida que
el cristianismo rigió los destinos del mundo,
intentó privarlo del erotismo.
Así la iconografía religiosa
se confunde con el mito, una mitología donde
vemos sirenas, ninfas... tanto en representaciones antiguas
como en sus derivaciones actuales. Porque también
señalaba Bataille, el mito y la simbología
como una de las construcciones del erotismo. Otro de
los aspectos que ofrece la exposición es lo que
llamamos parafilias, como el vouyeurismo, el fetichismo,
la necrofilia, el bondage... que se relacionan con practicas
antiguas; y es que el sadismo no lo inventó Sade,
por más que esta práctica heredara su
apellido. En este sentido vemos una visión de
la aquafilia o pasión por el agua, culturalmente
asimilada y que contemplamos por las imágenes
del video como un fruto instantáneo y fugaz,
deslumbrante, pues al igual que las cimas del placer,
es tan instantáneo como escurridizo, dejándonos
a la espera de que se vuelva a producir, con el consiguiente
vacío, un tema también muy bataillenaino.
Adentrándonos en la modernidad
nos encontramos con algunos dibujos de Picasso, esos
trazos de cuerpos desnudos que parecen realizados por
un niño travieso, la sensualidad daliniana suspensa
en el aire, el Courbet que nos habló del origen
del mundo, el cuerpo, el cuerpo andrógeno de
Patty Smith, ese tipo belleza de la que hablase Virginia
Wolf. También está presente la mirada
interrogante y quizás con aspiraciones de dominio
sobre el ser durmiente, con su sensualidad relajada
e inconsciente, que va del Endimon velado por Diana,
hasta un dormido David Beckan. Un tiempo distante (del
XVII al XX)que también se da en las imágenes
anunciadoras de la exposición: La fuente de Camille
Carot y la fotografía de Rineke Dijkstra. Ambas
nos conducen a la mujer en flor, su estética
y su problemática frontera
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