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P.-¿Por qué
cree que en la literatura española no hay (casi)
utopías, mientras que sí las hay, y en abundancia,
en literaturas como la anglosajona?
R.- La verdad es que la literatura española es
casi demasiado realista, de un escepticismo aplastante
en lo tocante a reformas y proyectos sociales. Las únicas
"fantasías idealistas" que se consienten
los místicos españoles del Siglo de Oro,
Calderón y alguno más, son siempre de corte
teológico. De tejas para abajo, poco o nada. Nuestras
primeras obas maestras novelescas, "La Celestina"
y "Don Quijote", son sátiras del idealismo
amoroso o caballeresco. Y hasta Calderón dejó
dicho que "los sueños, sueños son".
P.-En "Sinapia"
se propugna una sociedad en la no haya diferencia por
vivir en el centro o en una esquina, en la que todos tengan
exactamente las mismas leyes, los mismos derehos y las
mismas obligaciones. ¿El mundo va por un camino
distinto?
R.-La legislación democrática moderna y
sobre todo el gran ideal contemporáneo, la declaración
de derechos humanos, recogen -mejorados- muchas propuestas
de las utopías del pasado y entre ellas de la "Sinapia".
Otra cosa muy distinta es que la realidad cotidiana concuerde
con lo mejor que prometen nuestras leyes...
P.-"Último
desembarco" retoma el asunto central de la "Odisea",
pero sin muchas esperanzas en lo que se refiere al destino
del hombre. ¿Por qué esa visión pesimista?
En la disyuntiva de tener el poder o no tenerlo y ser
inmortal Ulises prefiere la muerte y el poder. ¿Es
una ironía contra alguien o contra "el todo"?
R.- El Ulises de mi "Último desembarco"
reflexiona sobre la finitud humana, sobre la necesidad
vital de aceptar nuestros límites y no vivir la
obsesión de competir con los "inmortales",
sean los dioses o la naturaleza. Como el Odiseo que aparece
en el mito de Er, al final de la "República"
de Platón, cuando debe elegir nueva alma para renacer
en el mundo no quiere ser rey, ni águila o león,
ni héroe, sino simple ciudadano corriente, cuyo
destino es finalmente envejecer y morir, tras haber poseído
unos cuantos bienes y un puñado de dudosos afectos.
Elije llamarse Nadie, como cundo escapó del Cíclope...
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