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En
mis 66 años de vida, desde que tengo memoria, José
Luis Rodríguez Zapatero es el peor presidente del
gobierno que ha tenido España. La única
posibilidad de que el actual gobierno del PSOE pueda sacar
a España de la crisis, es que cambie radicalmente
su forma de gobernar. Así se expresó
José Luis García Rodríguez en la
presentación de su libro La agonía
del socialismo (Ediciones Irreverentes). García
Rodríguez Participó activamente entre los
años 1972/1982 en la transición política
española, período en que fue junto a otros,
promotor y fundador de la Federación Social Demócrata
Española, junto a Fernández Ordóñez
y posteriormente de la UCD.
El escritor que se reconoce socialdemócrata
desengañado- mostró su creencia en el agotamiento
del actual modelo de socialismo, En este tiempo
de efervescencias nacionalistas, reformas estatutarias
a la carta y memoria histórica, escribir un libro
sobre la agonía del socialismo puede parecer una
provocación. Sin embargo grandes figuras del socialismo
democrático europeo como Pietro Nenni, Anthony
Crosland, Golda Meir o Billy Brand hace años detectaron
las contradicciones que conlleva la aplicación
práctica de las teorías marxistas dentro
de una sociedad progresivamente más igualitaria
en virtud del desarrollo económico. Si se analiza
la trayectoria de la izquierda en España, ni el
socialismo revolucionario del primer tercio del siglo
XX, ni la gestión del socialismo desde el poder
en el período republicano, ni su ausencia durante
la dictadura y lo que es más grave, su falta de
contenido en los últimos treinta años de
democracia, nos permiten otorgar al socialismo español
otra calificación que no sea la de una simple franquicia
electoral.
En el encuentro con medios de comunicación
que he tenido lugar esta mañana en el Café
El Espejo, García Rodríguez afirmó,
Cabe preguntar qué futuro le espera al socialismo,
porque si la revolución industrial fue el vehículo
que permitió su expansión en los albores
del siglo XX a través de la lucha de clases, mantener
el mismo esquema en el siglo XXI carece de sentido, toda
vez que quienes han salido fortalecidos de tal confrontación
no han sido los dogmas socialistas, sino los más
dúctiles esquemas liberales que han sido capaces
de generar más desarrollo. Quizá la respuesta
de futuro habría que buscarla en los orígenes,
porque la cuestión que subyace es encontrar la
causa por la cual los principios han ido perdiendo potencia,
que no vigencia, en un mundo más tecnificado en
que el desarrollo no ha redundado, más allá
de los parámetros de la economía, en un
progreso social basado en el humanismo. Es por ello que
mientras esos desajustes persistan, el socialismo debe
encontrar la manera de salir de su agonía.
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