En
la presentación de Los amantes del hotel Tirana,
al escritor asturiano Pedro Antonio Curto ha afirmado trato
de la muerte de muchas utopías; para el protagonista
de mi novela la caída del socialismo, o lo que él
creía que era el socialismo, es la desaparición
de la penúltima utopía. Pero después
descubrirá que quedaba un último ideal por
caer; el del amor. Cuando han desaparecido los ideales políticos
y el amor, ya no hay un lugar a donde ir.
Pedro Antonio Curto ha tenido esta mañana,
en Madrid, un encuentro con medios de comunicación
para darles a conocer su novela Los amantes del hotel
Tirana. Con la que ganó la IV edición del
Premio Ciudad Ducal de Loeches, uniéndose en la
lista de ganadores a Francisco Nieva, Antonio Gómez
Rufo y Carmen Matutes. Para el autor asturiano, tiene
un sentido especial que la acción de toda la primera
parte de la novela transcurra en el hotel Tirana, en la
misma plaza en la que estaba la estatua del dictador Enver
Hoxha. Allí se aman el albanés y la española
y en una única noche desgranan sus recuerdos, todo
cuanto les une. Es un espacio privado, muy cerca de la
realidad, de la plaza, de la estatua del dictador, pero
en el que todo trasciende. Al recluirlos en una habitación
pude crear un mundo privado dentro del mundo real. Evidentemente
cuando salen de esa habitación ya nada será
igual, se impone la realidad, y ese será un choque
muy difícil de afrontar para el albanés,
que huirá de su país buscando a esa mujer
española que se ha convertido para él en
un mito, y que descubrirá que si bien todas las
maravillas del socialismo eran mentira, las maldades del
capitalismo eran verdad.
La historia de Los amantes del hotel
Tirana comienza en el verano de 1990, mientras el
régimen socialista albanés comienza a derrumbarse,
dos jóvenes se aman una noche en la habitación
de un hotel. Aida y Aslam se encuentran con las encrucijadas
de la historia y a través de ellas construyen la
suya propia. Es una noche que tiene algo de iniciática
y sin embargo están rodeados de mundos crepusculares.
Han viajado por tierras albanesas y viajan también
a través del tiempo, a una España donde
un combatiente de las Brigadas Internacionales comienza
a forjar una utopía. Es una utopía que ambos
aman, como se aman el uno al otro, con la necesidad sensitiva
de trascender, de ir más allá, a una patria
carnal, a una patria sin fronteras. Pero viven en la sombra
oscura de esa utopía; la que se aleja del sueño
para acercarse a la pesadilla. La novela crea atmósferas
intimistas, que fluyen entre la mitología albanesa
y la realidad, para ir a la búsqueda de un territorio
donde el individuo se enfrenta a su época, con
sus sueños, sus frustraciones y sus traiciones.
Curto
recuerda su estancia en Tirana como una mezcla de
sentimientos contrastados. En primer lugar, fui allí
por cuestiones ideológicas, quería saber
cómo era aquel país en el que había
triunfado el socialismo. Pero me encontré con una
ciudad gris, muy gris, a pesar de que el tipo de vida
albanés les lleva a salir mucho a la calle. Era
una ciudad muy pobre. El socialismo había conseguido
casi acabar con la práctica del canon, un código
de honor que te obliga a matar a quien haya matado a alguien
de tu familia. Era una forma de Ley del Talión
que llevaba a que entre familias se fueran matando poco
a poco. Pero el fin del socialismo y la libertad no han
sido positivos en este sentido, porque ahora ha renacido
con más fuerza que nunca, sólo que quienes
practican el canon, son las mafias. La mafia albanesa
es conocida por su violencia y su crueldad y es algo que
está peor que en aquellos tiempos.
Pedro Antonio Curto
nació en la localidad guipuzcoana de Zumaia, pero
vive desde muy pronto en la ciudad asturiana de Gijón.
Ha publicado la novela El tango de la ciudad herida y
el libro de relatos Los viajes de Eros. Ha participado
en las antologías 13 para el 21, Palabras con Ángel
y la La agonía del Nirvana. Colabora en publicaciones
como el periódico literario Irreverentes, el diario
El Comercio de Asturias, y la revista literaria Kalepesia,
entre otros. Director y guionista del cortometraje Maletango,
exhibido en el Festival Internacional de Cine de Gijón.
Ha recibido diversos premios literarios como el segundo
premio Gran Café de relatos, el segundo premio
de relatos de Leioa y el premio Antonio Porras de Pozoblanco,
entre otros.
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