| Antonio
López del Moral,
La ciudad nos atrapa en los bares, en los
teatros, en los cines, en los prostíbulos,
somos almas en pena en este purgatorio de asfalto,
por eso la ciudad es literaria.
Miguel
Angel de Rus: Sobre Madrid hay que leer
a Michel Houellebecq en Posibilidad de una
isla donde lo retrata asolado por una explosión
nuclear, las pistas de barajas destrozadas y como
único superviviente un macro-cartel de
David Bisbal.
César
Strawberry: Hay que llevar la literatura
a los chicos en lugar de quejarse de que no leen
En la Casa del Libro de C. Hermosilla,
21 (Madrid) el martes, 4 de noviembre, se ha celebrado
la Mesa redonda "Narrativa urbana" organizada
por Ediciones Irreverentes y Casa del Libro, con
la que se inaugura un ciclo de debates mensuales
que llevarán a cabo ambas entidades. Estas
mesas redondas se celebran con motivo de la celebración
del décimo aniversario de la Editorial
independiente Ediciones Irreverentes.
Han participado
los escritores:
· César Strawberry
cantante de Def con Dos y Strawberry Hardcore
y autor de la novela Besando
la lona
· Miguel Angel de
Rus, autor de Donde
no llegan los sueñosy editor.
Moderador del debate
· Antonio López
del Moral. Periodista
de TVE y Finalista del II Premio Internacional
de relato Vivendia con "El
espejo".
En tiempos de auge de la Novela
Histórica parece echarse de menos una novela
que muestre cómo es la sociedad actual,
y cuando se muestra, se hace sólo con una
parte, como sociedad del espectáculo; la
sociedad actual parece existir sólo si
aparece en los medios de comunicación.
Estos tres escritores han debatido sobre la necesidad
de una novela que sea además de obra de
arte, documento de la ciudad del presente. O lo
que es lo mismo, del mundo del presente.
César
Strawberry, que tras el éxito de
Besando
la lonaanunció
que prepara un nuevo libro de relato que coincidirá
con el lanzamiento de su próximo disco,
afirmó que Con mi primer libro he
descubierto que hay que llevar la literatura a
los chicos en lugar de quejarse de que no leen.
En el mundo del rock hay mucho cafre, hay muchísimos
chicos incultos que no leen, pero que compraron
mi novela y que venían después de
los conciertos a mostrármela, a decirme
que les había gustado, que no habían
vuelto a leer desde que salieron desde el instituto
y que gracias a mi lo habían hecho. Creo
que se debe en parte a que estamos en la dictadura
del buen rorrillo, de decir sólo lo correcto,
y que yo escribí Besando la lona
por gusto, sin pensar en publicarla, por lo que
di rienda suelta a mi mala leche, y eso a la gente
le enganchó. Mi tatuador mexicano llevaba
diez años sin leer un libro, lo leyó
y le ha encantado y se lo está pasando
a todo el mundo. Me ha pasado que he ido a tocar
a pueblos en los que los chicos han montado asociaciones
para organizar ellos los conciertos con su dinero
porque los políticos no se molestan en
organizarles nada, sería la leche que alguien
pensara en organizar grupos de lectura, en llevarles
a los escritores.
Afirmó
Antonio López del Moral, La narrativa
es urbana, o no es, en tiempos en los que el 80
por ciento del mundo civilizado, es decir, el
mundo en el que se escribe, vive en las ciudades.
La narrativa no puede no ser urbana, porque la
literatura hoy no se desliga de la ciudad. Vivimos
tiempos de crisis de valores, Bukowski ha muerto,
Proust está más momificado que Lenin,
y en todas partes circula la pregunta de si tiene
sentido seguir hablando de literatura. Hoy los
que escribimos, sea narrativa urbana o no, somos
la resistencia ante la ocupación de los
iletrados, los que no nos creemos la conjura de
los necios, los que preferimos no comer caca,
porque cien millones de moscas sí están
equivocadas. La narrativa sólo tiene sentido
en la ciudad, en las ciudades llenas de esquinas,
porque la narrativa, cuando lo es, tiene esquinas.
Para López del Moral, La
ciudad nos atrapa en los bares, en los teatros,
en los cines, en los prostíbulos, somos
almas en pena en este purgatorio de asfalto, por
eso la ciudad es literaria. En la ciudad compramos
nuestros pedacitos de cielo y vendemos nuestra
alma. La narrativa es urbana porque la vida se
nos engancha en las esquinas y se nos disuelve
en gasoleo, porque la ciudad nos atrapa en los
chinos y en los sex-shops. La novela es urbana
porque la ciudad está llena de esquina
y en el campo no hay esquinas
Miguel
Angel de Rus, moderador del debate, considera
que a la literatura actual le sucede lo
mismo que a la democracia, que se han convertido
en demagogia. Se usa la estrategia de apelar a
sentimientos básicos, emociones, miedos,
deseos, para ganar el apoyo popular, porque las
grandes editoriales ya no hacen literatura, hacen
simples productos al gusto del lector, aunque
el gusto sea infame. Como decía Manuel
Azaña, si se quiere guardar un secreto,
no hay nada mejor que publicarlo en un libro.
Es imposible describir la ciudad con ojos limpios,
hacer gran novela, salvo que se pretenda vender
no más de mil ejemplares. Si ahora vivieran
autores como Stefan Zweig, Arthur Schnitzler,
Odon von Horvath, Joseph Roth o Albert Camus,
nadie lo sabría; si algún librito
suyo hubiera llegado a alguna tienda, estaría
bajo montañas de novelas que cuentan verdades
sumamente apócrifas sobre Jesucristo, María
Magdalena, Colón o cualquier otro personaje
conocido por la multitud. Al dos por ciento de
españoles que de verdad leen, -digan lo
que digan las estadísticas- encontrar un
libro que trate de su tiempo y los trate como
adultos, les resulta francamente difícil.
Y César Strawberry, no deja
de mirar la literatura con cierto escepticismo:
En éste momento de pánico
mundial, en medio del tsunami económico
más tonto y previsible de todos los tiempos,
el ciudadano de a pié no puede dejar de
hacerse tres preguntas: ¿Siente sudores
fríos El Pocero? ¿Es realmente esperanzador
que un negro progre se convierta en presidente
de los USA? ¿Puede escribirse una buena
historia de narrativa urbana desde un adosado
en Villarcallo?
Miguel Angel de Rus cerró
el debate con una reflexión sobre las ciudades
vistas a través de los ojos de los escritores,
conocemos a la perfección el Madrid
de Benito Pérez Galdós; el Madrid
de Travesía de Madrid, Spleen
de Madrid o Nada en domingo,
de Francisco Umbral, de El gran momento
de Mary Tribune, de García Hortelano,
de La colmena de Camilo José
Cela, el Oviedo de La Regenta, de
Clarín, el París de Nôtre
Dame de Victor Hugo, de El Conde de
Montecristo de Alexandre Dumas, de Las
relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos,
de Susana de Pío Baroja, el
París vivísimo de Marcel Proust,
pero es curioso que ahora las novelas traten sobre
las ciudades de hace un siglo, o de la edad media,
o de la época de Cristo, y que para tener
una lectura distinta sobre Madrid haya que leer
a Michel Houellebecq en Posibilidad de una
isla donde lo retrata asolado por una explosión
nuclear, las pistas de barajas destrozadas y como
único superviviente un macro-cartel de
David Bisbal.
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