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"A Miguel Hernández lo mataron
lentamente", de Antonio López Alonso, novedad
de Ediciones Irreverentes
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El
autor muestra, paso a paso, cómo las pésimas
condiciones sanitarias y alimenticias de las cárceles
franquistas llevaron a la muerte al poeta de Orihuela
Para López
Alonso, "lo más terrible fue que se le impidió
ver a su hijo. Eso fue un sufrimiento terrible. Sólo
pudo verle una vez, justo antes de morir, cuando el
corazón casi ni le latía".
Antonio López Alonso, autor de "A
Miguel Hernández lo mataron lentamente"
(Ediciones Irreverentes) explicó ante los medios
de comunicación el por qué del título
del libro "he usado esta forma de expresar como se
le destrozó la salud durante su paso por las cárceles
franquistas en homenaje a lo que dijo Pablo Neruda cuando
le preguntaron cómo había muerto Miguel
Hernández, a lo que contestó que lo habían
ajusticiado lentamente. Efectivamente, se dieron las circunstancias
en las terribles cárceles de la postguerra para
que Miguel Hernández muriera del modo más
doloroso".
El escritor Miguel Angel de Rus fue el presentador del
libro y se expresó en términos de similar
dureza. "López Alonso demuestra con datos
que hubo torturas en las cárceles de la dictadura,
pero no como las torturas que vemos en la cárcel
norteamericana de Guantánamo, sino una tortura
más primitiva; se hacía padecer a los presos
republicanos unas pésimas condiciones higiénicas,
teniendo una letrina para cada doscientos presos, la alimentación
era casa inexistente, tenían una taza de agua cada
tres días, el agua era insalubre
incluso
se les hacía beber aguas residuales. Estaban tan
hacinados, que dormían los unos sobre los otros
y a veces sucedía que al despertar, un preso descubría
que había dormido sobre el cadáver de un
compañero".
Miguel Hernández, uno de los más grandes
poetas españoles, murió como consecuencia
directa de la Guerra Civil española. No fusilado,
aunque estuvo condenado a muerte, sino como resultado
de su encarcelamiento. Antonio López Alonso hace
un estudio extraordinario de las cárceles como
método represivo de los vencedores en la posguerra,
del tránsito carcelario del preso Miguel Hernández
como clave esencial de su enfermedad, nos muestra con
datos cómo sufrió problemas cerebrales y
cómo la tuberculosis acabó con él,
como hiciera con tantos otros presos. En este libro, el
autor utiliza las palabras del propio Miguel Hernández
para describir cómo apenas podía dormir
en la cárcel, porque las ratas pasaban sobre su
cuerpo e incluso cagaban sobre su cabeza.
Dispéptico gastrointestinal, jaquecoso, probablemente,
en el trasfondo de ambos cuadros, víctima de ansiedad.
En los últimos días de noviembre, de 1941,
Miguel, ya en Alicante, enferma de tifoidea e ingresado
en la enfermería del Reformatorio, López
Alonso relata cómo le asiste el doctor José
Mª Miralles, quien ante el cuadro diarréico
intenso del poeta y la fiebre alta, prescribe tratamiento,
cediendo el cuadro intestinal diarréico, pero no
la fiebre, asociada a un cuadro de intenso cansancio.
En realidad, una vez superada la infección intestinal
tifoidea, es cuando la tuberculosis pulmonar aguda hizo
su aparición. Miguel Hernández empezó
a ser tuberculoso a finales de noviembre de 1941. Lo que
es claro es que los pocos años que transitó
de una cárcel a otra, especialmente desde Palencia
hacia adelante, sufrió una serie de condicionantes
o factores exógenos que le hicieron padecer un
cuadro infeccioso pulmonar no tuberculoso en Palencia,
un probable cuadro bronquítico agudo en Ocaña,
tampoco tuberculoso y una tifoidea en Alicante.
La tuberculosis pulmonar de finales de noviembre del 41,
hay que enclavarla en ese contexto de presidiario, en
un ambiente epidemiológico de hacinamiento, sufrimiento
moral, espacio cerrado, y hambruna, que fueron minando
poco a poco las defensas de Miguel hasta matarlo sin necesidad
de fusilarlo. Es una biografía desde el punto de
vista médico, es decir, una patografía,
en la que traza una teoría médica sobre
la muerte del escritor, que establece que éste
murió de tuberculosis "debido a las circunstancias
de hambre y hacinamiento que había en las cárceles
españolas en esa etapa, entre 1936 y 1942. Miguel
Hernández murió en la cárcel de Alicante,
con la eclosión de la enfermedad, que ya venía
arrastrando en todo el tránsito carcelario, en
Palencia y Ocaña".
Para López Alonso, "lo más terrible
fue que se le impidió ver a su hijo. Eso fue un
sufrimiento terrible. Sólo pudo verle una vez,
justo antes de morir, cuando el corazón casi ni
le latía".
López Alonso es autor de
obras como la novela Tierra de sombras y de luna finalista
y Mención Especial del Jurado del primer Premio
Nacional de Novela Ducado de Loeches. Ha publicado además
en Ediciones Irreverentes el excepcional estudio Carlos
II, El Hechizado, la novela La noche en que el pueblo
me quiso matar, y recientemente Enanos
en el Quijote y en el arte.
Todas ellas en Ediciones
Irreverentes. Entre sus obras destacan "La angustia
de García Lorca" y "Santa Teresa de
Jesús, enferma o santa".
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