El
traumatólogo López Alonso afirma que «el
sistema inmunológico del poeta fue degradándose
con el tránsito hasta morir» LA VERDAD/MADRID

El escritor y traumatólogo Antonio López
Alonso reconstruye en A Miguel Hernández lo mataron
lentamente la biografía clínica del poeta
alicantino, a través del cuadro sintomático
que se desprende de su vida y de su obra, según
explicó ayer el autor.
El libro, publicado
por Ediciones Irreverentes, es también un reflejo
de la situación del sistema carcelario una vez
acabada la Guerra Civil, en el que cientos de presos
se veían obligados a compartir una misma letrina,
otros llegaron a beber aguas residuales y algunos morían
de frío mientras dormían.
López Alonso realiza un análisis de
las doce cárceles a las que fue trasladado Miguel
Hernández antes de morir en la prisión
de Alicante, una ruta que, según su hipótesis,
favoreció la decadencia de su sistema inmunológico
y propició que contrajera tuberculosis, como
tantos presos de la época.
De las doce prisiones
estudiadas, el autor sostiene que las que ofrecían
peores condiciones son las de Palencia y Ocaña,
aunque «el horror era bastante similar en todas
ellas».
El escritor se sirve de las investigaciones ya existentes
sobre la enfermedad y muerte del poeta de Orihuela,
y sobre las cartas y poemas que éste escribió
a su mujer, en la que comentaba las carencias higiénicas
que sufrían los reclusos: «Paso mis buenos
ratos espulgándome, que familia menuda no me
falta nunca».
En las misivas a
Josefina, el poeta alicantino dejó constancia
de las deficientes condiciones sanitarias en las cárceles,
y llegó a escribir: «Viéndome la
cabeza cagada por las ratas, me digo: ¿qué
poco vale uno ya!», según relata este catedrático
de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad
de Alcalá de Henares (UAH) en el libro.
López
Alonso explicó que
Miguel Hernández «fue un tipo de buena
salud», incluso durante la contienda, pero su
sistema inmunológico se degradó con el
tránsito carcelario al que fue sometido y que
finalizó en su provincia natal, con la eclosión
de la enfermedad pulmonar a finales de 1941 y su muerte
pocos meses después».
Esta es la novedad del libro, recalcó
el autor, pues el resto de biógrafos e historiadores
del poeta de Orihuela «están de acuerdo
de que murió por una enfermedad pulmonar, pero
no se ponen de acuerdo en el momento en que la adquirió».
La parte más amarga de libro,
en opinión del escritor, no es la miseria en la
que vivían los presos, sino el «dolor desgarrado
y profundo, por encima del hambre, que sentía el
poeta ante la ausencia total del amor y de la libertad».
El título
del libro parte del verso a Miguel Hernández
lo ajusticiaron lentamente, de Pablo Neruda, y López
Alonso dice haber escrito esta obra «movido por
el amor a la poesía», que le hizo preguntarse
«como médico lo que fue Miguel Hernández
como enfermo».
Más información en el blog
de Antonio López Alonso