Un libro de cuentos,
esta vez no sobre el amor ideal sino sobre algunas de
sus caras más desconocidas. Eduardo Mendicutti,
Miguel Ángel de Rus y Antonio Gómez Rufo,
son los artífices de esta pequeña antología
que reflexiona sobre el amor, o más exactamente,
sobre su lado menos angelical.
El primer cuento de este libro, "Las calenturas
de Elena" de Eduardo Mendicutti, es un relato que
gira en torno a la ambigüedad de la adolescencia.
Retomando el tema de su novela "El ángel
descuidado", y a través de un narrador en
primera persona, Mendicutti nos hace reflexionar nuevamente
sobre las contradicciones del primer amor.
El autor de obras como "El beso del cosaco"
y "Una mala noche la tiene cualquiera", entre
otras, nos cuenta la antigua historia de la ruptura
con la infancia. El gran acierto de este relato estriba
en que nos la cuenta partiendo de una perspectiva casi
irónica y desde luego original: la de ese carácter
de paradoja -mezcla de deseo y repugnancia- que tiene
el amor en la primera juventud. Una historia con encanto,
y una leve -y acertada- vocación de cuento de
hadas moderno, que nos acerca a un argumento que tiene
la virtud de contar de forma innovadora la trillada
historia del amor juvenil. Y aunque tal vez a este argumento
brillante le habría venido mejor un poco más
de malicia al final, se trata de un cuento fresco y
bien trabajado, de los que, desafortunadamente, no abundan
hoy en día en el panorama literario.
"Dinero,
mentiras y Realismo Sucio",
de Miguel Ángel de Rus, y segundo cuento del
libro, es la historia de un escritor de realismo sucio
cuya vida se convierte en una de sus tramas. De Rus
consigue un buen manejo del difícil lenguaje
de este género literario, (además de una
feliz construcción de personajes) e incluso que
tiene el buen juicio de saltarse las normas para incluir
en su texto microhistorias al modo de Tobías
Wolf.
El mayor acierto de "Dinero, mentiras y Realismo
sucio" es una cierta vocación de parodia
del realismo, que le añade al texto una potencia
nada desdeñable. Potencia que, personalmente,
me habría gustado ver más acusada.
En el tercer cuento, "La prueba", de Antonio
Gómez Rufo, descubrimos un texto afortunado y
plenamente contemporáneo. Una trama minimalista,
al lado de una prosa que recuerda un poco en su dureza
a la Margherite Durás de "El amor",
son todos los recursos que utiliza el autor para contarnos
esta "no-historia" en la que, con un acertado
registro postmoderno, se nos narra cómo una pareja
crea una extraña relación basada en peculiares
formas de sufrimiento. Otro gran acierto de este cuento
breve es que prescinde de la "narratividad",
es decir, que en realidad no se nos cuenta absolutamente
nada. Esto, lejos de quitarle méritos al que,
a mi juicio es un relato impecable, le añade
un plus entre irónico y nihilista que resulta
alentador -e insólito- encontrar hoy en nuestro
país, ante la maraña de libros-fórmula
(por lo general anecdóticas y descriptivas) que
inundan el mercado editorial.
Así, la modernidad de este texto es ya una garantía
de altura, en un panorama literario que adolece de una
importantísima cualidad contemporánea:
la osadía. La tarea pendiente que revela las
lagunas que existen en el campo de la experimentación
artística y el estudio.
"La prueba" es pues, un cuento osado, elegante
y preciso, verdaderamente agradable para paladares exigentes.
Y hablando ahora del conjunto del libro, es precisamente
en la osadía donde reside su mayor cualidad.
Pues la propuesta de este texto parece querer retomar
el espíritu desafiante de la vanguardia. Porque
este libro tiene la virtud de convocar la cualidad heterogénea
que distingue al arte literario de nuestra época
de la literatura -respetable, eso sí- del pasado.
Cualidad que hoy, al menos en nuestro país, aún
tiene que recorrer mucho camino.
Así que, como se ve, estamos ante un libro de
cuentos para todos los gustos, un libro fresco y logrado
que, -puedo asegurarlo-, no dejará indiferente
a ningún lector.