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P.-
Buscar o no buscar, fue premiada con el Provincia de Guadalajara.
¿Qué significó eso para ti?
R.- Sobre todo ánimo porque uno
se dedica a escribir por necesidad de expresar algo, de
contar una historia que le hierve dentro, pero con deseos
artísticos, es decir con ansias de hacer algo que
alcance un nivel, de hacer literatura, no sólo
un texto de entretenimiento. La lectura de la obra de
uno por parte de extraños pone las cosas en su
sitio, nadie va a dorar la píldora ni a decirte
lo que no mereces porque no hay interés ni afecto
por medio. El premio me ha dicho no está
del todo mal lo que haces.
P.- La novela trata de un tema de
actualidad: el terrorismo. ¿Por qué te planteaste
ese tema?
R.- El tema que yo pretendí plasmar
en ella era el de dos personas con caracteres muy diferentes:
el de la persona que encuentra sin buscar, el de quien
con cierta displicencia acepta lo que le viene y sabe
vivirlo para su enriquecimiento personal y para su propio
disfrute, y la parte antagonista, el de quien busca sin
encontrar, es decir, aquel que en todo cuanto pretende
muestra ansia y por tanto no lo consigue o lo consigue
mal. Esos caracteres influyen, por supuesto, en la ideología,
tanto vital como histórica o política. El
terrorismo era una excusa.
P.- ¿Es una novela psicológica?
R.- Podríamos decir que es un thriller
psicológico, un drama entre dos personas cuyo tema
de enfrentamiento es el terrorismo.
P.- Hablas en ella de ETA
R.- No exactamente. El terrorismo, hoy,
es un fenómeno desgraciadamente universal. Cuando
alguien se enrabia y quiere conseguir algo, mata. Mis
personajes carecen de nombre, no están situados
en un país concreto y la banda terrorista se llama
La Organización. Juego al despiste, de modo que
lo mismo podría tratarse de ETA como de Sendero
Luminoso o las FARC, aunque por las referencias, no se
trata de un grupo religioso. Con todo, lo que en nuestro
país sufrimos es evidente: una mezcla de marxismo
al estilo estalinista y nacionalismo.
P.- Hablas en
la novela de una tregua para negociar con los terroristas;
tú escribiste la novela a principios de 2004, ¿cómo
pudiste preverla?
R.- No la preví. Incluso hoy puede
augurarse que tarde o temprano, cualquier banda terrorista
se sentará a negociar, aunque sólo sea porque,
teóricamente, es lo que están exigiendo,
y para colmo presionada por unos medios de seguridad del
Estado cada vez más eficaces, con un sistema de
infiltrados capaces de avisar de cualquier acción
y cualquier colaboración. Me situé en un
momento que entonces podía parecer utópico
pero en nada lo era.
P.- Aunque la novela tiene cierto
suspense, a lo largo de ella se ve venir que el final
no podrá ser otro que el que es.
R.- El protagonista quiere que le dejen
en paz, que le dejen vivir su vida cuyos goces no busca
exactamente, aunque los obtenga. Uno de esos goces es
su propio hijo, que es el auténtico futuro. El
futuro no es las ideologías sino los hijos de cada
uno. Puede parecer burgués esto que digo pero no
por ello es menos cierto y humano.
P.- Al final queda cierto regusto
escéptico.
R.- En estas luchas en las que entra el
terrorismo no son mejores, en mi opinión, unos
que otros. Sólo se salva, si es que se salva alguien,
la gente del común, esa gente que quiere vivir
en paz, y en última instancia, quien más
ayuda a esta gente es el Estado, no los ideólogos
fanáticos de las organizaciones terroristas.
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