Ediciones Irreverentes
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Anunciada Fernández de Córdova

Anunciada Fernández de Córdova

"El vuelo de los días" reúne lo más atractivo de los libros de viajes y de los libros de memorias. La mirada de la autora nos transmite, con voz propia, sensaciones vividas en ciudades de todo el mundo y vemos la realidad a través de evocaciones en las que relaciona las ciudades con libros, música, comidas, colores, paisajes, olores, bailes o el calor de las calles, pasando de una cosa a otra con ritmo ágil, como en un calidoscopio.

El vuelo de los días-En “El vuelo de los días” nos lleva de Berlín a Capadocia y de San Petersburgo a Marrakech. ¿Ha encontrado muchos mundos distintos en el mundo?

No creo en las fronteras, pero sí he descubierto fronteras que trascienden a los países. La más terrible es la de la pobreza: los slums de Nairobi por ejemplo, miseria sin esperanza, al lado de la naturaleza más espectacular. Otra frontera muy clara es la que separa el Norte del Sur: yo soy del Sur, soy mediterránea, y mi Mediterráneo llega hasta el Río de la Plata. Habla usted de San Petersburgo y de Marrakech: la que separa los lugares grandes de los pequeños es otra frontera que siento de una forma muy visceral: mi pertenencia pertenece con lugares pequeños de calles estrechas, olores, música, moscas, donde la gente te toca y te habla… Otra frontera esencial es la que separa lo urbano de la naturaleza; en la naturaleza es donde de verdad se encuentran las respuestas.
Puntualizo: decir no creo en las fronteras es más un deseo que una realidad. Constato en los Balcanes, región que sigo muy de cerca desde Liubliana (Eslovenia), donde vivo ahora, hasta qué punto las fronteras y sus movimientos abren heridas muy difíciles de cerrar.

-¿Es un libro de viajes, de anotaciones personales, un dietario cultural?

Una mezcla de todo eso. Cada vez me gustan más los géneros mezclados. Dietario me suena más sofisticado que diario, es un diario a dieta. Yo diría que este libro son cartas. Cuentan de Luis Miguel Dominguín que tras una noche de pasión con Ava Gardner, se levantó corriendo; cuando ella, sorprendida, le preguntó donde iba, el torero contestó: “¡A contarlo!”. Eso me pasa a mí: cuando algo me gusta, me disgusta, me emociona, me hace gracia, me llama la atención… no puedo contenerme y tengo que ir a contarlo, se lo tengo que contar a alguien muy determinado, te lo tengo que contar: es una necesidad tiránica. Y si no tengo tú, no escribo. Algunos lo pintan, otros lo componen, otros lo conflictúan en el teatro…mi mejor forma de contarlo es escribiendo cartas: siempre escribo para alguien. Mi yo literario lo hace el tú. En el caso de un libro publicado, el tú es el lector.

-¿Cómo se compagina ser diplomática, haber tenido grandes responsabilidades políticas, y al mismo tiempo mostrar el interior del alma en un libro?

Por pura necesidad. Escribir es el acto más libre que conozco.

-En El vuelo de los días hay muchísimas referencias culturales. ¿Qué nombres más llamativos de los que se va a encontrar en el libro podrían servir de pista al lector para saber qué se va a encontrar?

Eric Clapton, Estrella Morente, Beny Moré (el Bárbaro del Ritmo), Ella Fitzgerald. Entre los escritores, uno que no conozco personalmente, Enrique Vila Matas, por la mezcla de géneros que domina, donde difumina la frontera entre la realidad y la ficción convirtiéndolo todo en literatura, y dos poetas que sí conozco, Juan Gelman, con el que he tenido la honra de compartir mesa como miembros del Jurado del Premio Reina Sofía de Poesía, que cuenta tragedias sin rendirse a la amargura e inventa un nuevo lenguaje, y Cristina Peri Rossi, cuya poesía erótica tiene una fuerza que me conquistó, y golpes de humor que me pierden. Miquel Barceló en cuanto a artistas plásticos. Y bailar, este libro tiene mucho baile y cortes de ritmo, eso que en flamenco llaman el pellizco.

-¿Qué va a encontrar de nuevo el ciudadano normal en sus andanzas con artistas, políticos y diplomáticos?

Artistas, políticos, diplomáticos…hay mucha endogamia en todo eso. Yo siempre soy la de fuera de la tribu, soy la extranjera. Me ha costado muchos años aceptarlo y asumir que soy una extranjera, una distinta, desde que nací: mi partida de nacimiento es un telegrama que leyó mi padre al aterrizar en Buenos Aires, donde un tío mío le informaba de que yo había nacido. He vivido en muchos países y la sensación de ser la nueva de la clase marcó mi infancia. Forastera a mi pesar: cuando finalmente lo admití al cumplir los sincuenta (la errata es voluntaria), me entró una gran tranquilidad. Ser diferente es bueno: me he convencido de que lo mejor es tener una mirada – y una voz – propia.

-¿Qué acto político-diplomático de los contados en el libro le dejó mayor huella y por qué?

El famoso “Por qué no te callas”, que viví en vivo, en directo, a un metro del Rey y a cuatro puestos de donde se sentaba Chávez, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, no está mal. Recuerdo también una negociación vivísima con (contra) los rusos por un problema del Instituto Cervantes en Moscú: tenía una colaboradora con la que me entendía divinamente y sostuve, con su ayuda cómplice, una batalla que las dos disfrutamos una barbaridad. En cuanto a tensión mala, una negociación en la que encabezaba una delegación de la Secretaría de Estado de Seguridad (mi paso por el Ministerio del Interior es lo más irreal que he hecho en mi vida, y ahí viví la tragedia del 11-M) flanqueada por un policía a un lado y un guardia civil al otro: la batalla entre el de mi izquierda y el de mi derecha fue francamente desagradable y llena de golpes bajos. Lo que más me ha escandalizado en mi vida diplomática fue lo que escuché en una reunión de Ministros de Educación iberoamericanos, cuando el Ministro venezolano dijo literalmente: “Hay que poner una bomba en las Universidades”

-Describe lugares paradisiacos y macrociudades espantosas ¿Con qué lugar se quedaría para vivir y por qué? ¿Y para escapar?

Después de mucho callejear, me quedo con Madrid, con sus calles levantadas, el anuncio de Schweppes que domina la Gran Vía y ese cielo que no iguala ninguna capital del mundo cuando el viento de la sierra le quita la boina de la polución. Quizás cuando vuelva quiera volver a huir, pero ahora que vivo fuera, Madrid es mi ciudad, me ha pasado ya otras veces, tengo esa mala maña, como dice la canción de Ibrahim Ferrer. Si me pierdo, búsquenme en Roma. Para escapar, quiero lugares donde la naturaleza sea la reina, contundente monarquía que venero. Y Venecia, siempre (bien) acompañada, no puedo soportar la belleza de Venecia estando sola.

-Descríbame la noche más mágica de cuantas cuenta en el libro.

Esta es la pregunta más difícil de toda la entrevista. De noche invento mucho e imagino mucho más. Hubo una noche de las Perseidas (en agosto algunas estrellas se caen del cielo y hay que pillarlas al vuelo para pedir un deseo, las llaman lágrimas de San Lorenzo) en Cala San Vicenç, en Mallorca, en que fuimos piratas, izamos en el mástil del barco una bandera robada con calavera y dos tibias cruzadas, y cantamos alegrías, navegando y pidiendo deseos. He vivido inolvidables noches largas de conversación, vino y tabaco. El erotismo de muchas noches de este libro se produce despacito, suavecito... El tabú sella mis labios y me impide seguir hablando.

-Ha tenido amplias responsabilidades en el ámbito Iberoamericano. Denos algunas pistas de lo que en el libro se podrá encontrar el lector sobre estas cuestiones.

La contundencia del español, lengua materna de muchísima gente en muchísimos sitios. En Estados Unidos hay más hispanoparlantes que en España, por dar un ejemplo. Me enamoran los distintos giros que le dan: “¿Le provoca un tinto o aromáticas?” (¿quiere un café o una infusión?) Me siento muy sudaca, quizás porque aprendí a hablar en Chile. Tenemos una íntima comprensión cultural, un sentido de la fiesta, y de la melancolía, si no comunes, sí muy afines. Me siento mucho más cercana, por ejemplo, a un venezolano o a una colombiana que a un noruego o a una holandesa.
Aparte de eso, aparecen personajes de los que salen en los periódicos, con los que he tenido la ocasión de hablar, a los que he visto actuar…

-¿A qué se debe que su libro esté respaldado por intelectuales de la talla de Cristina Peri Rossi, Joaquín Leguina y José Luis Alonso de Santos?

Cristina Peri Rossi y José Luis Alonso de Santos son grandes amigos míos; su entusiasmo por este libro me dio mucho aliento para seguir escribiéndolo. Con Joaquín Leguina me une la irreverencia de nuestro común editor

-Pregunta tópica. ¿Es más difícil ser mujer y diplomática? ¿Algún político se le ha insinuado? (Si es así, ¿lo reconoce en el libro?)

Por supuesto que es más difícil. En todo lo que atañe a la vida profesional, es más difícil siendo mujer. En la violencia, también ser mujer es más difícil: nosotras somos las violadas.

Le daré algunos ejemplos personales. Dejé la carrera diplomática (lo he hecho en varias ocasiones) y nada más empezar a trabajar en la empresa privada, descubrí que estaba embarazada; algunos amigos me aconsejaron que no confesara mi delito. Lo confesé, no me despidieron y me hice perdonar el pecado trabajando como siete. Cuando me nombraron Directora General, después de 25 años (con entradas y salidas, bien es cierto) de Carrera Diplomática, una trayectoria profesional no peor (esto es lo que los ingleses llamarían un understatement) que la de muchos compañeros ya Embajadores, la primera reacción, espontánea, de un íntimo, y subrayo lo de íntimo por muy cercano, amigo mío, fue decir, antes que enhorabuena, “¡Claro, la cuota!”. Son muchos y muchos siglos de dominación masculina, y las mujeres seguimos siendo las que parimos. Ese problema está por solucionar.
En cuanto a la segunda parte de su pregunta, sí, algún político se me ha insinuado. Desde el Presidente de Ghana, nada más empezar mi carrera diplomática, hasta alguno más reciente.

-Aconséjenos un hotel para desaparecer con una personalidad ficticia.

Le sirenuse de Positano; es tan pequeño que no hace falta nombre supuesto. La maison arabe de Marrakech. No me dan comisión, pero si corre la voz, lo mismo redondeo mis derechos de autor pidiéndoles una invitación para pasar una semanita en cada uno de ellos, para completar esa pregunta de “Descríbame la noche más mágica de cuantas cuenta en el libro”.

-De las peripecias contadas en el libro. ¿Cuál es la que le hizo pasar más miedo o desasosiego?

Una muy reciente: ir a Venecia sola, me provocó una crisis de la que me costó recuperarme; Venecia es una tentación muy cercana desde Liubliana, pero no volveré a caer en ella sola. Otra sucedió hace mucho tiempo, al inicio de mi carrera, en Ghana. Fui en coche con un amigo ghanés a ver un festival folclórico popular. Mi amigo no me advirtió de que ir en coche podía ser una provocación, y antes de poder reaccionar, una masa incontrolada de hombres borrachos, pintarrajeados y excitados con el baile rodeó mi coche dando golpes, patadas, haciendo muecas por las ventanillas…pensé que no salía viva; no he pasado más miedo en mi vida. El vuelo de los días empieza algunos años después.

-¿Es verdad que hay una erótica del poder?

Me gustan los juegos eróticos, pero no me ha dado por esa perversión. Es agradable (y eficaz) que la gente se te ponga al teléfono, y poder tener una opinión que sea tenida en cuenta, pero yo a eso no le llamo erotismo.

-Por último, rescate una frase del libro.

Los que viven intensamente acaban muertos; los que no, también.

 
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