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CARLOS AUGUSTO CASAS
Me gusta pasear por el lado salvaje de la vida, aunque sea con la imaginación.
Me relaja crear monstruos. No sé qué pensará de esto un psiquiatra...
CARLOS AUGUSTO CASAS

(Madrid, 1971)
Carlos Augusto Casas ejerce desde hace años como periodista de sucesos.
El interés por el bien y el mal como germen creador de la personalidad y como base de la estructura social le ha convertido en una joven promesa de la novela negra de nuestro país, comparable a Connolly o a Ellroy.
Forma parte de la "Antología del relato negro II" de Ediciones Irreverentes con "La noche de la araña" un relato sobre sicarios.

Antología del relato negro II
Pregunta.- No puede disimular que es periodista: su pluma es rápida y ágil. ¿No le bastaba la bestial y truculenta realidad? ¿Por qué pasar de cronista de sucesos a escritor de novela negra?
Respuesta.- Principalmente para poder controlar las historias. En la crónica de sucesos, y en el periodismo en general, tu deber es contar lo que ha sucedido con una serie de normas y con un estilo muy definido. Escribir novela es romper con esas cadenas necesarias para poder escribir una noticia. Rompes con el estilo y, sobre todo, rompes con la tiranía de la realidad. Puedes inventar, crear. En el periodismo no, en teoría.

P.- ¿Cree que se hace buena información de sucesos? ¿No se abusa del morbo?
R.- Es difícil marcar la línea divisoria entre buena información de sucesos y morbo. Cada uno tenemos nuestra sensibilidad y lo que para unos son datos necesarios para entender una noticia, para otros son detalles innecesarios que sólo buscan escandalizar. Aunque he de reconocer que, en mi opinión, sí se abusa de las partes más escabrosas de las noticias. Conozco periodistas de sucesos, sobre todo en televisión, que no consideran que una entrevista es buena si no consiguen hacer llorar al protagonista. Saben que las lágrimas aumentan la audiencia. Aunque esto plantea la eterna duda, ¿quién es peor, el periodista que fuerza el llanto de las víctimas, o los espectadores que ante la imagen del sufrimiento ajeno no se despegan de la pantalla? Si no tuvieran audiencia no existirían estas prácticas. Hay que luchar internamente contra la atracción que nos despierta lo morboso.

P.- ¿Por qué la novela negra? ¿No le tienta hacer incursiones en otros géneros?
R.-Estoy genéticamente imposibilitado para escribir otra cosa. No es que no quiera, es que no puedo. La novela negra es la que, en mi opinión, más posibilidades creativas me aporta. Me atrae la gente que es capaz de vivir al margen de la ley, que hacen del crimen su vida o que conviven con él a diario. Aunque nos horrorice, el asesinato, por ejemplo, es algo que ha acompañado al hombre desde siempre. En la Biblia, el primer acto de Adán y Eva es quebrantar la ley, y su hijo Caín cometió el primer asesinato. El crimen esta dentro de nuestro ADN. Y me gusta adentrarme en esa parte negra del ser humano. Quizás más adelante lo intente en otros géneros, pero ahora mismo mi cabeza sólo genera historias negras. Y tengo mucho que decir.

P.-¿Es cierto que pensar en crímenes le relaja y ayuda a conciliar el sueño?
R.-Desde muy pequeño cuando trato de dormir invento historias. No puedo dormir si no lo hago. Unos cuentan ovejas para conciliar el sueño, yo cuento cadáveres, asesinatos, robos… Me gusta pasear por el lado salvaje de la vida, aunque sea con la imaginación. Me relaja crear monstruos. No sé qué pensará de esto un psiquiatra...

P.-¿A qué se debe esta ola de novela negra que inunda las librerías? ¿Es moda o cree que está relacionado con la crisis económica mundial?
R.-Creo que se debe fundamentalmente a la extraordinaria generación de escritores de novela negra que existe en la actualidad. Junto con la evolución estilística que ha tenido el género. Pero también hay una parte de moda y conviene recordar que la literatura negra es la más popular. Desde la que se contenta con ser un juego intelectual en el que el lector intenta descubrir al culpable, pasando por la que incluye la crítica social o la exploración de los rincones más ocultos del alma humana, la literatura negra siempre ha atraído a millones de lectores. Cuando una novela negra te atrapa, no la puedes soltar. No puedes escapar. Es un secuestro mental. Sólo piensas en ella. Y en tiempos de crisis el público quiere evadirse. Aunque estoy seguro de que el tema de la crisis también será tratado en algunas novelas negras.

P.-¿Es el Madrid actual un escenario propicio para la novela negra?
R.-Es una ciudad perfecta para el género negro, llena de contrastes, de gentes de todas partes. Una ciudad extrema, poblada de ángeles y demonios. Como las estatuas que la adornan.

P.-¿Hasta qué punto le da más importancia a la acción y la trama sobre el estilo?
R.-Depende de la historia. Creo que una buena obra debe tener ritmo, que la trama sea interesante. Y a todo esto le debe acompañar un estilo que potencie la historia. Pero no le doy más importancia a una cosa o a otra. No trato de que estas cualidades se superpongan sino que formen un todo.

P.- La vida deja constantemente cabos sueltos, ¿por qué en las novelas negras eso no pasa?
R.-Por ser ficción, y porque son menos complejas que la vida. Y más hermosas. La literatura tiene un fin estético, aún me pregunto qué fin tiene la vida. No creo que logre una respuesta nunca. La vida real está llena de mediocridades, de miserias, de mezquindades que no interesan a la literatura por ser despreciables. Por eso hay gente a la que le gusta más leer que vivir.

P.-¿Cómo será el mundo después de Wikileaks? ¿Necesitan los políticos recuperar su credibilidad?
R.-Evidentemente que lo necesitan, pero antes de Wikileaks también. Estas filtraciones no han hecho más que confirmar lo que mucha gente sospechaba. Que la política actual apesta. Que el que gobierna es el dinero, y el dinero no tiene ni ética ni escrúpulos. Me parece preocupante la campaña que se está haciendo contra Julian Assange cuando lo único que ha hecho es cumplir con la obligación de todo periodista: contar la verdad.


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