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P.-¿Por
qué el título de "Cuentos Apócrifos"?
R.- Se trata de cuentos aparentemente
ficticios, pero que bien pudieran ser ciertos. Juego con
esa ambigüedad. De hecho, cualquier persona que lea
los relatos puede llegar a identificarse con ellos, bien
porque haya vivido situaciones parecidas en primera persona
o porque conoce a otros individuos hayan podido pasar
por esas vicisitudes.
P.- ¿Cuál
es la pretensión final de "Cuentos Apócrifos?
R.- Mostrar mis sentimientos respecto a las distintas
facetas de la realidad. Por mi ideología y mi experiencia
vital, busco temas básicamente introspectivos y
de raigambre social. Me interesa especialmente todo lo
relacionado con el dolor - más el psicológico
que el físico -, con el sufrimiento del alma y
la imperiosa necesidad de las personas por alcanzar el
equilibrio y la felicidad. Por eso mis personajes son
seres anónimos, en muchos casos frustrados, deprimidos,
seres secundarios que jamás alcanzarán el
éxito y que, todo lo más, aspiran a no ser
compadecidos. En muchos casos se trata de personajes subyugados,
dependientes, incluso marginales. Dado que vivimos en
una sociedad depredadora y manifiestamente injusta, donde
el prestigio y el éxito social se miden en función
del precio y no del valor, no me cabe la menor duda que
mis mensajes y las situaciones que narro están
a la orden del día.
P.- ¿Hay
algo peor que el menosprecio?
R.- Sí, la compasión y, todavía
peor, el olvido. Mis personajes se mueven en el en ese
sórdido y agobiante. Desde mi punto de vista, uno
de los peores castigos a los que debe enfrentarse el ser
humano es ignorar que existes.
P.- Obviamente,
se siente identificado con esos personajes. ¿Qué
hay de ellos en usted?
R.- No es que me sienta identificado con ellos,
es que forman parte de mí. No me importaría
ser portavoz de los individuos cuyo dolor no tiene fecha
de caducidad.
P.-: ¿Cuáles
son las fuentes de inspiración de sus relatos?
R.- Tanto las historias como los personajes, obviamente,
tienen ciertos visos de verosimilitud. La chispa creadora
nace en el mundo que me rodea. Esa chispa puede ser una
discusión en plena calle entre una pareja, un accidente
de tráfico, el acoso que puede sufrir un muchacho/a
en la escuela, mis propias experiencias personales o de
gentes que trato diariamente, una mirada furtiva, un desengaño
amoroso, un indigente metiendo sus manos en un contenedor
de basura, etc. Todas esas experiencias conforman el barro,
la materia prima que me sirve para modelar, tanto los
personajes como los acontecimientos. Al final, el resultado
no tiene necesariamente que estar relacionado con la fuente
primigenia de inspiración, es decir, la chispa
que originó el relato. En ese sentido los cuentos
pueden considerarse "apócrifos", pero
sólo en ese sentido.
P.- ¿Qué
diferencia hay entre su primera novela "Un Instituto
con Vistas" y "Cuentos Apócrifos"?
R.- No tienen nada que ver. La primera novela
era una denuncia sustentada en el esperpento y el humor
cáustico del sistema educativo español y
la falaz democracia que aparentemente lo preside. Sus
250 páginas obligan a la creación de una
estructura, por lo tanto, en este caso, el escritor se
convierte en un arquitecto, un albañil y un peón
al mismo tiempo, construyendo, ladrillo a ladrillo, los
sillares de esa estructura que llamamos novela. Sin embargo,
el relato corto se sustenta, al igual que la poesía,
en la inspiración de lo inmediato. Por consiguiente,
ni los objetivos, ni el ritmo, ni la rima, ni tan siquiera
el formato pueden ser los mismos. Obviamente, el relato
corto, por su propia naturaleza, posee una mayor intensidad
narrativa.
P.- ¿Qué
le resulta más fácil escribir, relatos cortos
o novela?
R.-Por mi propia naturaleza inquieta y en busca
de la inmediatez, estoy mucho más cómodo
con el relato corto. Supongo que mis sensaciones, cuando
fabrico relatos con un escaso número de palabras,
son similares a las de un creador de canciones o a las
del poeta. Busco en el relato corto la prosa poética,
por eso la rima es tan importante en mis cuentos. Aunque
por supuesto estoy muy lejos de alcanzar la excelencia
estilística de los poetas de verdad. Dicho de otra
forma, en el mundo de la literatura sólo aspiro
a ser albañil, no arquitecto ni por supuesto un
genio. No invento nada, sólo juego con las variables
que me ofrece la vida, las transformo a mi imagen y semejanza
y las lanzo nuevamente al mundo. Intento esculpir las
palabras de la misma forma que el escultor aspira a dar
forma a la arcilla. No obstante, sólo aspiro a
interpretar lo que ya me viene dado, que no es poco.
P.- ¿Cuál es su
pretensión última a la hora de escribir?
R.- Ahorrar una pasta gansa
en psicólogos y, si los hados me son propicios,
alcanzar la inmortalidad. Lo de ganar dinero lo dejo para
otros.
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