Ediciones Irreverentes
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José Antonio ReyJosé Antonio Rey
Al escribir pretendo ahorrar en psicólogos

José Antonio Rey se ha convertido en el ganador del segundo Premio Internacional Vivencia de relato con sus libro Cuentos apócrifos, obra que le sitúa entre los mejores autores españoles de narrativa breve de la actualidad. Descreído, irónico y sentimental, José Antonio Rey es uno de los nuevos escritores con personalidad literaria más fuerte. Sus personajes, rescatados de derrotas cotidianas son creíbles y, en un relato u otro, acabamos por encontrarnos a nosotros mismos.

Cuentos apócrifosP.-¿Por qué el título de "Cuentos Apócrifos"?
R.- Se trata de cuentos aparentemente ficticios, pero que bien pudieran ser ciertos. Juego con esa ambigüedad. De hecho, cualquier persona que lea los relatos puede llegar a identificarse con ellos, bien porque haya vivido situaciones parecidas en primera persona o porque conoce a otros individuos hayan podido pasar por esas vicisitudes.

P.- ¿Cuál es la pretensión final de "Cuentos Apócrifos?
R.- Mostrar mis sentimientos respecto a las distintas facetas de la realidad. Por mi ideología y mi experiencia vital, busco temas básicamente introspectivos y de raigambre social. Me interesa especialmente todo lo relacionado con el dolor - más el psicológico que el físico -, con el sufrimiento del alma y la imperiosa necesidad de las personas por alcanzar el equilibrio y la felicidad. Por eso mis personajes son seres anónimos, en muchos casos frustrados, deprimidos, seres secundarios que jamás alcanzarán el éxito y que, todo lo más, aspiran a no ser compadecidos. En muchos casos se trata de personajes subyugados, dependientes, incluso marginales. Dado que vivimos en una sociedad depredadora y manifiestamente injusta, donde el prestigio y el éxito social se miden en función del precio y no del valor, no me cabe la menor duda que mis mensajes y las situaciones que narro están a la orden del día.

P.- ¿Hay algo peor que el menosprecio?
R.- Sí, la compasión y, todavía peor, el olvido. Mis personajes se mueven en el en ese sórdido y agobiante. Desde mi punto de vista, uno de los peores castigos a los que debe enfrentarse el ser humano es ignorar que existes.

P.- Obviamente, se siente identificado con esos personajes. ¿Qué hay de ellos en usted?
R.- No es que me sienta identificado con ellos, es que forman parte de mí. No me importaría ser portavoz de los individuos cuyo dolor no tiene fecha de caducidad.

P.-: ¿Cuáles son las fuentes de inspiración de sus relatos?
R.- Tanto las historias como los personajes, obviamente, tienen ciertos visos de verosimilitud. La chispa creadora nace en el mundo que me rodea. Esa chispa puede ser una discusión en plena calle entre una pareja, un accidente de tráfico, el acoso que puede sufrir un muchacho/a en la escuela, mis propias experiencias personales o de gentes que trato diariamente, una mirada furtiva, un desengaño amoroso, un indigente metiendo sus manos en un contenedor de basura, etc. Todas esas experiencias conforman el barro, la materia prima que me sirve para modelar, tanto los personajes como los acontecimientos. Al final, el resultado no tiene necesariamente que estar relacionado con la fuente primigenia de inspiración, es decir, la chispa que originó el relato. En ese sentido los cuentos pueden considerarse "apócrifos", pero sólo en ese sentido.

P.- ¿Qué diferencia hay entre su primera novela "Un Instituto con Vistas" y "Cuentos Apócrifos"?
R.- No tienen nada que ver. La primera novela era una denuncia sustentada en el esperpento y el humor cáustico del sistema educativo español y la falaz democracia que aparentemente lo preside. Sus 250 páginas obligan a la creación de una estructura, por lo tanto, en este caso, el escritor se convierte en un arquitecto, un albañil y un peón al mismo tiempo, construyendo, ladrillo a ladrillo, los sillares de esa estructura que llamamos novela. Sin embargo, el relato corto se sustenta, al igual que la poesía, en la inspiración de lo inmediato. Por consiguiente, ni los objetivos, ni el ritmo, ni la rima, ni tan siquiera el formato pueden ser los mismos. Obviamente, el relato corto, por su propia naturaleza, posee una mayor intensidad narrativa.

P.- ¿Qué le resulta más fácil escribir, relatos cortos o novela?
R.-Por mi propia naturaleza inquieta y en busca de la inmediatez, estoy mucho más cómodo con el relato corto. Supongo que mis sensaciones, cuando fabrico relatos con un escaso número de palabras, son similares a las de un creador de canciones o a las del poeta. Busco en el relato corto la prosa poética, por eso la rima es tan importante en mis cuentos. Aunque por supuesto estoy muy lejos de alcanzar la excelencia estilística de los poetas de verdad. Dicho de otra forma, en el mundo de la literatura sólo aspiro a ser albañil, no arquitecto ni por supuesto un genio. No invento nada, sólo juego con las variables que me ofrece la vida, las transformo a mi imagen y semejanza y las lanzo nuevamente al mundo. Intento esculpir las palabras de la misma forma que el escultor aspira a dar forma a la arcilla. No obstante, sólo aspiro a interpretar lo que ya me viene dado, que no es poco.

P.- ¿Cuál es su pretensión última a la hora de escribir?
R.- Ahorrar una pasta gansa en psicólogos y, si los hados me son propicios, alcanzar la inmortalidad. Lo de ganar dinero lo dejo para otros.

 
 
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