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¿Qué tiene el Antiguo Egipto para que
se sigan escribiendo tantas novelas sobre aquella época?
El Antiguo Egipto es un símbolo. El
hecho de que una cultura milenaria siga despertando hoy
tanto interés tiene que ver mucho con el misterio.
A todos nos gusta imaginar que, hace tanto tiempo, sucedieron
cosas increíbles, de las que realmente hoy no sabemos
gran cosa. La fantasía tiene campo abonado en el
Antiguo Egipto, porque, en realidad, hay todavía
muchos interrogantes. Eso abre la puerta a la imaginación,
y la imaginación es la base de la literatura.
-Su novela plantea algunas teorías
históricas algo chocantes, ¿busca la polémica
como forma de vender libros?
La polémica sólo me interesa
cuando no se busca premeditadamente, cuando no se va tras
ella. La Historia está llena de cabos sueltos, de
preguntas no respondidas, o peor aún, mal resueltas.
Así que me planteé esta novela como un interesante
ejercicio.
-¿A qué se refiere?
Detrás de la novela se esconde un
largo proceso de investigación histórica,
que me llevó unos dos años. A medida que iba
conociendo nuevos episodios sobre la Dinastía XVIII
del Antiguo Egipto y todo lo que vino después, me
resultaba más estimulante ir uniéndolo todo
hasta llegar a las sorprendentes conclusiones que planteo.
Eso mismo es lo que les va sucediendo a los protagonistas.
Y, por último, es el propio lector el que siente
que él mismo está descubriendo los misterios.
-¿Cómo participa el lector?
Es muy interesante conocer las opiniones
de diferentes lectores cuando terminan la novela. Muchos
de ellos me han confesado que hicieron algo mientras leían:
como no acababan de creer que lo que planteo en la novela
pudiera ser cierto, se ponían a bucear en internet
para verificar que los episodios históricos que planteo
sucedieron realmente. Así que, en cierto modo, el
lector recorre el mismo camino que recorren los protagonistas,
y que previamente tuve que recorrer yo. Quizá ese
sea uno de los puntos más interesantes de la novela.
-Así que se lo puedo preguntar
ahora: ¿cuánto hay de cierto en toda esta
aventura?
Pues debo decirle que, salvo la leyenda que
da título a la novela, todo lo demás es real,
o al menos es muy probable que lo fuera. La leyenda inventada
de La costilla del faraón me sirve como
armazón, como nexo de unión para ir hilando
los diferentes acontecimientos que comienzan hace casi 3.500
años, pero que acaban acercándose mucho más
en el tiempo.
-Y entonces, dígame, ¿cómo
es posible que nadie antes ha sido capaz de llegar a esas
novedosas conclusiones?
Es simplemente una cuestión de cómo
ordenar las piezas. Todo está ahí, pero la
forma de relacionar los diferentes acontecimientos es lo
que abre nuevas posibilidades. Siempre nos han enseñado
la Historia de una determinada manera, muy cerrada y plana.
Y, quien más quien menos, todos sabemos que las realidades
de cosas que sucedieron hace miles de años, no fueron
exactamente como nos las han contado. Es una cuestión
de sentido común. A menudo todo se ha basado en una
cuestión de fe ciega en una única fuente histórica
que nos ha narrado un hecho. Y la veracidad que podemos
darle a esa fuente es, muchas veces, muy escasa.
-¿Puede ponerme un ejemplo?
Le pondré uno muy sencillo y que se
comprende fácilmente. Si ahora le preguntamos a cualquier
persona medianamente interesada en la Historia Antigua quién
fue el faraón egipcio que perseguía a los
judíos durante su éxodo, todos nos dirán
que fue Ramsés II. ¿Por qué? Simplemente
porque la tradición centenaria así lo ha ido
creando en la mente de la gente. Pero la única fuente
de conocimiento sobre el éxodo judío es la
Biblia. Ya de por sí, el Antiguo Testamento es un
conjunto de relatos que se pusieron por escrito al menos
8 siglos después de los hechos que narra, y que fueron
pasando por tradición oral de generación en
generación. Pero, por si eso no fuera poco para hacernos
replantear la verdadera historia, resulta, además,
en la Biblia no se dice en ningún sitio que el faraón
del éxodo fuera Ramsés II. Ni una palabra.
-Por último, veo que su novela
está salpicada con abundante material gráfico,
¿por qué?
Lo vi imprescindible. Cuando se relatan hechos
históricos y se les da la vuelta a lo que siempre
habíamos pensado, es importante que el lector pueda
ver una imagen sobre lo que estamos hablando. Ello le hace
confiar más, le da una mayor verosimilitud, y, sobre
todo, le ayuda a comprender todo lo que se cuenta en la
novela.
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