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P.-
En Cuernos retorcidos, su último libro, hay un
texto especialmente duro con Zapatero y los nacionalistas,
"La cuajada nacional"
R.- Ese texto un sarcasmo
continuado que se sostiene literariamente. Yo nunca hubiera
publicado un texto así de sarcástico, pero
el editor lo había leído y me lo pidió.
Trata de un estudio de un señor de la universidad
de León que parece coincidir en ideas con Zapatero
y que pone como modelo político para España
el de Pakistán. Hago un cierto sarcasmo con lo
que le gusta a algunos de nuestros gobernantes para España
el modelo de la desaparecida Yugoslavia. No estoy nada
de acuerdo con cómo se está tratando la
cuestión territorial y creo que va a ser un problema
que cuando se vaya Zapatero se tardará décadas
en resolver. Hay quien dice, como el presidente Zapatero,
que quiere una España plural. Como si no lo fuera,
igual que Francia es plural, Inglaterra es plural y Euskadi
debería ser plural. El problema es que él
sigue el modelo de Maragall, desintegrador, que a lo que
lleva es a una España que camina a convertirse
en Yugoslavia. Y lo que es peor, a tiros. Y yo no creo
que la mayoría de los españoles y de los
demócratas quieran que España se convierta
en Yugoslavia a tiros. De Zapatero algunas cosas hay que
tomárselas a broma. Zapatero lo que debería
hacer, en vez de pescar votos entre los partidos nacionalistas
que quieren convertir España en Yugoslavia, es
enviar a la Guardia Civil a Cataluña si Artur Mas
vuelve a decir que se sublevará en caso de que
el Tribunal Constitucional rechace el Estatuto
P.-
Así pues en Cuernos retorcidos da caña a
Zapatero
R.- Es que eso de la crítica
constructiva es una mierda que se inventaron los poderosos
para que se les pase la mano por la espalda. Toda crítica
debe ser negativa. Felicitar a nuestros jefes políticos
es una mala costumbre. Siempre he sido muy crítico.
Lo que no me gusta lo he dicho y, ahora, fuera del Congreso,
lo hago con más libertad.
P.-
¿A qué se debe el título de Cuernos
retorcidos?
R.- Es un título que
quiere recordar un libro anterior mío, llamado
Cuernos, aunque en aquel caso los cuernos eran amorosos.
En este libro hay cuernos porque la vida está llena
de engaños y de desengaños. El libro se
inicia con un relato sobre Churchill, que acababa de ganar
la segunda guerra mundial y que perdió las elecciones
en su país. ¿Qué cuernos mayores
hay que ser despreciado por tu pueblo? Me lo pasé
muy bien al documentarme para este relato, porque Churchill,
claro, al hablar de cuernos, tenía que mencionar
a Shakespeare y a su Otelo. Hay también cuernos
amorosos en este libro, diputados engañados, relaciones
amorosas en ascensores. Lo que es la vida
Como dijo
Woody Allen, cuando me enteré que mi mujer me iba
a dejar por otro, la dejé yo antes. En el 80 por
ciento de las relaciones amorosas hay cuernos, o lo que
es lo mismo, un tercero
P.-
Ha dicho en varias televisiones que si bien ha escrito
el libro, la selección de textos no es totalmente
suya.
R.- Es un libro hecho al
modo británico. El editor de Ediciones Irreverentes,
que es el escritor Miguel Angel de Rus, con quien me une
una buena amistad, me pidió un libro y le pasé
una serie de textos que yo quería publicar. Él
me propuso añadir algunos otros textos de mi obra
que le gustaban. Así que ha hecho un poco el papel
de ponerse en la piel del lector y buscar lo que al lector
más le podría gustar de mis escritos dispersos.
Creo que ha quedado un libro interesante, divertido y
que puede leerse en el metro, que es lo mejor que puede
decirse de un libro, porque para mi la ligereza es una
cualidad.
P.-
¿Y ante tanto desmán en la vida pública
no piensa en ocasiones en volver a la política?
R.- Tienes que dejar la política
en algún momento; no vas a dar la batalla siempre.
Lo que estoy haciendo es distanciarme, tomar más
perspectiva con la realidad. Eso me permite ser más
crítico, y como sucede en Cuernos retorcidos, incluso
más sarcástico. Creo que afortunadamente,
ni generación, que ha dado muchos bandazos, no
ha sido una generación perdida, porque mientras
otros que ahora están en política preparaban
oposiciones, nosotros luchamos contra Franco. Por ejemplo,
nosotros hemos traído la democracia, no la ha traído
Baltasar Garzón, la hemos traído nosotros.
P.-Parece
muy en descuerdo en las iniciativas tomadas por el juez
Garzón con respecto a la guerra civil.
R.- Lo primero que hay que
hacer es pensar por qué interviene
lo hace
porque hay delitos, pero estos delitos están prescritos
o amnistiados. La amnistía es una ley y el juez
no puede estar por encima de la ley. Garzón no
puede judicializar a los muertos de la guerra civil. Una
cosa es buscar la verdad objetiva de la Historia y otra
es la memoria, que es subjetiva. Nadie tiene derecho a
reescribir la Historia. Le llevo siguiendo desde hace
algunos años y Garzón me parece una plaga
judicial. Sobre la instrucción de sus juicios,
los que saben dicen que lo hace fatal, pero no pienso
meterme en eso. Sin embargo si puedo hacerlo con sus intenciones
políticas. Con algunas puedo estar de acuerdo pero
jamás en cómo las lleva a cabo. Estoy de
acuerdo con que toda familia tenga derecho a enterrar
dignamente a sus muertos. Ese derecho lo ampara el Estado,
pero de ahí se ha pasado a una causa penal
¿contra quién? Eso está amnistiado
por una Ley promovida por la izquierda que significó
el final de la Guerra Civil. Y quienes la hicimos no éramos
cobardes, porque luchamos contra Franco.
P.-
Su libro está lleno de anécdotas, incluso
parlamentarias, muy picantes. ¿Son ciertas?
R.- No sé si las anécdotas
son verdaderas, tal vez sí, Pero como dicen los
italianos, si non è vero, è ben trovato.
Hay una de Winston Churchill y otra de Indalecio Prieto.
Cuando era ministro Prieto y estaba hablando en el Congreso
de los diputados, durante la República, se levantó
Pérez Madrigal, que era un energúmeno, y
le dijo: "buen socialista está usted hecho
llevando calzoncillos de seda", e Indalecio Prieto
se dio la vuelta y le dijo: no sabía que su mujer
fuera tan indiscreta
P.-Así
pues, alejado de la política, pero crítico.
R.- Procuro reflexionar,
aunque sea una mala costumbre. No voy a dejar de pensar
en política o escribir sobre política, aunque
mi responsabilidad en este campo se haya acabado.
P.-
Por último, habla de mujeres. En uno de los relatos
aparece Marlene Diectrich.
R.- Sí, esa es una
de las anécdotas verdaderas el libro. Estaba sentado
en un velador en París, cerca del Sena, y contemplé
a una señora rubia con bonitos andares que venía
hacia mí, y le dije a mi mujer: esa es Marlene
Diectrich, y ella me dijo, "sí, es Marlene
y se va a sentar a tu lado". Y así fue, se
sentó a mi lado y no me atreví a decir nada
con aquellas magníficas piernas que tenía
Pero cuando me levanté le dije "buenas noches,
señora", y ella me dijo "buenas tardes,
joven hombre", con esa voz tan fuerte que ella tenía.
Cosas así no se olvidan nunca.
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