Ediciones Irreverentes
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Joaquín LeguinaJoaquín Leguina
Dejar la política me permite ser más crítico, y como sucede en Cuernos retorcidos, incluso más sarcástico


Tras abandonar la política, Joaquín Leguina ha publicado Cuernos retorcidos, en Ediciones Irreverentes, un libro que recoge relatos, artículos y recuerdos del político que fuera Presidente de la Comunidad de Madrid y Presidente de la Comisión de Defensa del Congreso. Es una obra polémica en la que denuncia los nacionalismos que pretenden romper España, las ideas de Zapatero, y en el que hay huecos para el amor, bien sea en un ascensor o bien recordando aquella noche en París en que conoció a Marlen Dietrich. (Autora Vera Kukharava)

Cuernos retorcidosP.- En Cuernos retorcidos, su último libro, hay un texto especialmente duro con Zapatero y los nacionalistas, "La cuajada nacional"
R.- Ese texto un sarcasmo continuado que se sostiene literariamente. Yo nunca hubiera publicado un texto así de sarcástico, pero el editor lo había leído y me lo pidió. Trata de un estudio de un señor de la universidad de León que parece coincidir en ideas con Zapatero y que pone como modelo político para España el de Pakistán. Hago un cierto sarcasmo con lo que le gusta a algunos de nuestros gobernantes para España el modelo de la desaparecida Yugoslavia. No estoy nada de acuerdo con cómo se está tratando la cuestión territorial y creo que va a ser un problema que cuando se vaya Zapatero se tardará décadas en resolver. Hay quien dice, como el presidente Zapatero, que quiere una España plural. Como si no lo fuera, igual que Francia es plural, Inglaterra es plural y Euskadi debería ser plural. El problema es que él sigue el modelo de Maragall, desintegrador, que a lo que lleva es a una España que camina a convertirse en Yugoslavia. Y lo que es peor, a tiros. Y yo no creo que la mayoría de los españoles y de los demócratas quieran que España se convierta en Yugoslavia a tiros. De Zapatero algunas cosas hay que tomárselas a broma. Zapatero lo que debería hacer, en vez de pescar votos entre los partidos nacionalistas que quieren convertir España en Yugoslavia, es enviar a la Guardia Civil a Cataluña si Artur Mas vuelve a decir que se sublevará en caso de que el Tribunal Constitucional rechace el Estatuto

P.- Así pues en Cuernos retorcidos da caña a Zapatero
R.- Es que eso de la crítica constructiva es una mierda que se inventaron los poderosos para que se les pase la mano por la espalda. Toda crítica debe ser negativa. Felicitar a nuestros jefes políticos es una mala costumbre. Siempre he sido muy crítico. Lo que no me gusta lo he dicho y, ahora, fuera del Congreso, lo hago con más libertad.

P.- ¿A qué se debe el título de Cuernos retorcidos?
R.- Es un título que quiere recordar un libro anterior mío, llamado Cuernos, aunque en aquel caso los cuernos eran amorosos. En este libro hay cuernos porque la vida está llena de engaños y de desengaños. El libro se inicia con un relato sobre Churchill, que acababa de ganar la segunda guerra mundial y que perdió las elecciones en su país. ¿Qué cuernos mayores hay que ser despreciado por tu pueblo? Me lo pasé muy bien al documentarme para este relato, porque Churchill, claro, al hablar de cuernos, tenía que mencionar a Shakespeare y a su Otelo. Hay también cuernos amorosos en este libro, diputados engañados, relaciones amorosas en ascensores. Lo que es la vida… Como dijo Woody Allen, cuando me enteré que mi mujer me iba a dejar por otro, la dejé yo antes. En el 80 por ciento de las relaciones amorosas hay cuernos, o lo que es lo mismo, un tercero

P.- Ha dicho en varias televisiones que si bien ha escrito el libro, la selección de textos no es totalmente suya.
R.- Es un libro hecho al modo británico. El editor de Ediciones Irreverentes, que es el escritor Miguel Angel de Rus, con quien me une una buena amistad, me pidió un libro y le pasé una serie de textos que yo quería publicar. Él me propuso añadir algunos otros textos de mi obra que le gustaban. Así que ha hecho un poco el papel de ponerse en la piel del lector y buscar lo que al lector más le podría gustar de mis escritos dispersos. Creo que ha quedado un libro interesante, divertido y que puede leerse en el metro, que es lo mejor que puede decirse de un libro, porque para mi la ligereza es una cualidad.

P.- ¿Y ante tanto desmán en la vida pública no piensa en ocasiones en volver a la política?
R.- Tienes que dejar la política en algún momento; no vas a dar la batalla siempre. Lo que estoy haciendo es distanciarme, tomar más perspectiva con la realidad. Eso me permite ser más crítico, y como sucede en Cuernos retorcidos, incluso más sarcástico. Creo que afortunadamente, ni generación, que ha dado muchos bandazos, no ha sido una generación perdida, porque mientras otros que ahora están en política preparaban oposiciones, nosotros luchamos contra Franco. Por ejemplo, nosotros hemos traído la democracia, no la ha traído Baltasar Garzón, la hemos traído nosotros.

P.-Parece muy en descuerdo en las iniciativas tomadas por el juez Garzón con respecto a la guerra civil.
R.- Lo primero que hay que hacer es pensar por qué interviene… lo hace porque hay delitos, pero estos delitos están prescritos o amnistiados. La amnistía es una ley y el juez no puede estar por encima de la ley. Garzón no puede judicializar a los muertos de la guerra civil. Una cosa es buscar la verdad objetiva de la Historia y otra es la memoria, que es subjetiva. Nadie tiene derecho a reescribir la Historia. Le llevo siguiendo desde hace algunos años y Garzón me parece una plaga judicial. Sobre la instrucción de sus juicios, los que saben dicen que lo hace fatal, pero no pienso meterme en eso. Sin embargo si puedo hacerlo con sus intenciones políticas. Con algunas puedo estar de acuerdo pero jamás en cómo las lleva a cabo. Estoy de acuerdo con que toda familia tenga derecho a enterrar dignamente a sus muertos. Ese derecho lo ampara el Estado, pero de ahí se ha pasado a una causa penal… ¿contra quién? Eso está amnistiado por una Ley promovida por la izquierda que significó el final de la Guerra Civil. Y quienes la hicimos no éramos cobardes, porque luchamos contra Franco.

P.- Su libro está lleno de anécdotas, incluso parlamentarias, muy picantes. ¿Son ciertas?
R.- No sé si las anécdotas son verdaderas, tal vez sí, Pero como dicen los italianos, si non è vero, è ben trovato. Hay una de Winston Churchill y otra de Indalecio Prieto. Cuando era ministro Prieto y estaba hablando en el Congreso de los diputados, durante la República, se levantó Pérez Madrigal, que era un energúmeno, y le dijo: "buen socialista está usted hecho llevando calzoncillos de seda", e Indalecio Prieto se dio la vuelta y le dijo: no sabía que su mujer fuera tan indiscreta

P.-Así pues, alejado de la política, pero crítico.
R.- Procuro reflexionar, aunque sea una mala costumbre. No voy a dejar de pensar en política o escribir sobre política, aunque mi responsabilidad en este campo se haya acabado.

P.- Por último, habla de mujeres. En uno de los relatos aparece Marlene Diectrich.
R.- Sí, esa es una de las anécdotas verdaderas el libro. Estaba sentado en un velador en París, cerca del Sena, y contemplé a una señora rubia con bonitos andares que venía hacia mí, y le dije a mi mujer: esa es Marlene Diectrich, y ella me dijo, "sí, es Marlene y se va a sentar a tu lado". Y así fue, se sentó a mi lado y no me atreví a decir nada… con aquellas magníficas piernas que tenía… Pero cuando me levanté le dije "buenas noches, señora", y ella me dijo "buenas tardes, joven hombre", con esa voz tan fuerte que ella tenía. Cosas así no se olvidan nunca.

 
 
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