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P. ¿Pero
de qué va vestido, señor Castellón?,
¿de indio sudamericano?
Ja, ja..., ha dado en el
clavo.
P. ¿Me
dejará fotografiarle así?
Faltaría más: este es uno de los
uniformes de Takiraris, mi grupo de música andina.
¿No se interesó usted por mi seudónimo,
El síkuri? Pues esto es un siku. Y el síkuri
es el que sopla el siku.
P. Entonces esos
Takiraris que aparecen en su anterior novela, Victoria
y el fumador, tienen una existencia real.
En efecto. Y el episodio del mitin clandestino
en el que se frustró el recital de Takiraris también
es verídico. Un narrador funciona así, mezclando
la ficción con hechos acaecidos en la realidad.
Así se contribuye a la verosimilitud. Y antes de
que me lo pregunte, ni Victoria ni el fumador son personajes
reales. Insisto: no soy el fumador de la novela.
P.
¿Por qué realizó esa incursión
en el género erótico?
La verdad, a mí no me pedía el cuerpo
escribir novela erótica. Pero en esa época
se le abrían las puertas del Olimpo a quien obtuviese
el Premio La Sonrisa Vertical. Una importante agencia
literaria me animó a presentarme. Y tuve mis posibilidades:
por esa agencia me enteré de que al comité
de lectura le quedó mal sabor de boca al no seleccionar
mi original para que lo leyera el Jurado. Según
ellos, estaba muy bien escrita, pero era poco perversa.
Luego me alegré: dejaron el premio desierto: el
Jurado alegó que entre los manuscritos había
sugerentes propuestas sexuales, pero sin valía
literaria. Los seleccionadores se habían ocupado
tanto de la perversión, que se olvidaron de lo
fundamental, de la literatura. Después de aquello,
la obra dio tumbos por varios concursos, quedando finalista
de algunos de ellos, aunque sin ganar. Supongo que con
el erotismo pasa eso, que siempre alguien en un jurado
se opondrá a que venza la obra más libidinosa.
P:-¿Qué
busca en verdad el fumador?
R.- En "Victoria y el fumador" se aborda
la búsqueda de un Ulises, no de su Ítaca
natal, sino de la persona a la que ama.
P. Su último
libro, Regina angelorum, aparte de obtener el prestigioso
Premio Felipe Trigo, ha recibido excelentes críticas.
El catedrático de literatura Jesús García
Castrillo no ha dudado en calificarla como la mejor novela
que ha leído del siglo XX y XXI.
Bueno, me parece exagerado. Aunque me halague,
claro.
P. ¿Y qué
hay de su asunto con Isabel Allende?
No haré manifestaciones sobre el particular.
P. ¿Ni
siquiera literarias? Usted ha llegado a usar a Isabel
Allende como personaje...
Bueno, sí, y sé que a ella no le
importó, pero no me sonsacará nada más.
P:- Intente centrarse
¿Qué cuenta en Regina Angelorum?
R.- Reflexiona sobre la crueldad infantil por
medio de Cancú, una niña de extraordinaria
inteligencia y poderes adivinatorios, que ejerce una profunda
fascinación sobre los que la rodean. La infancia
es territorio de la inocencia pero también de una
crueldad y sadismo ilimitados que suele perderse con los
años. Los "malos" resultan muy atractivos
y resulta difíci" resistirse a ellos. Por
ello pongo al lector en la tesitura de que desee que el
malo venza. Puede ser que al final de la novela, el lector
acabe queriendo a Cancú a pesar de su naturaleza
fatal.
P. Cuentan de usted que como
lector devuelve a las editoriales los libros que no le
gustan y presenta hojas de reclamaciones para que le reintegren
el importe.
Sí, pero eso solo lo
hago con las obras premiadas. Considero una estafa por
publicidad engañosa el que uno compre una novela
bajo el aval de un galardón de muchos quilates,
y luego se encuentre con una bazofia repugnante. Así,
antes de utilizar el libro como combustible para asar
espetos de sardinas, prefiero elevar esa especie de protesta.
Ay, si más gente obrara como yo...
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