Ediciones Irreverentes
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JOSÉ LUIS ALONSO DE SANTOS
En la presentación de Fuera de Quicio: "Los suplementos culturales son la censura oficial de España"
JOSÉ LUIS ALONSO DE SANTOS: Fuera de Quicio
Ediciones Irreverentes acaba de reeditar 'Fuera de quicio' una de las obras más feroces del dramaturgo.

Escrita en la misma época en que firmó La estanquera de Vallecas y Bajarse al moro, Fuera de quicio es una de las obras más impúdicas, irreverentes y políticas del dramaturgo Alonso de Santos, y también una de las que más dificultades halla hoy para ser representada. El autor vallisoletano, que se inspiró en su experiencia en un psiquiátrico para escribirla, se excusa en un “entonces era joven” para explicar su falta de autocensura en esta pieza. Hoy, asegura, el tiempo le ha hecho más prudente. Lo cual no significa que culpe de ese mal sólo a los autores, sino también a la política cultural de “un país alucinado con un gobierno alucinado”. Justo la misma parábola que se plantea en Fuera de quicio, en la que se celebran unas elecciones dentro de un hospital mental donde no está claro quiénes son los lúcidos. En mitad de esto, monjas, drogas, espionaje. Todo, en una edición revisada de un texto que ahora publica, obvio, Ediciones Irreverentes.

Fuera de quicioPREGUNTA.- Tenía 30 años cuando escribió esta obra. ¿Qué sentimientos le despierta hoy?
RESPUESTA.- Es mi obra más política, la novena que escribí y, por tanto, una pieza de juventud. Es la más irreverente, porque el que yo era entonces no caía en la trampa de la autocensura. Luego, con los años, uno se hace más respetable. El editor ha visto que este es un momento ideal para publicarla, porque España está hoy fuera de quicio. Si quieren saber por qué, compren un periódico. Este es un país alucinado gobernado por un alucinado. Y un contagiado no puede curar a los enfermos. La alucinación ahora, de todas formas, es distinta a la de la época de Franco, menos grave de alguna manera. Yo entonces trataba de ser crítico con un país de locos, así que hablaba del gran psiquiátrico nacional, de una sociedad con una democracia débil y con intereses creados. Hoy lo que he hecho es adaptarla un poco al presente, porque en muchos casos se producen situaciones similares. Un Gobierno que en plena crisis reparte 400 euros a todos los ciudadanos para que estén contentos es un Gobierno alucinado.

P.- Nárreme el episodio de la representación de la pieza en la Cárcel de Yeserías, ante ilustres miembros del Gobierno, que se relata en el prólogo.
R.- La función de las presas contó con la presencia de la bienpensante plana mayor de las señoras del Gobierno, entre ellas, la esposa del presidente, Ana Botella, que entonces era la esposa de Dios. Allí fui yo, muy bienpensante también y, de repente, me di cuenta de que todos me miraban escandalizados. Me dieron ganas de decir: “Perdonen, es que es una obra que escribí de joven”.

P.- La obra nació de su experiencia en un psiquiátrico.
R.- Sí, durante ese tiempo yo, que soy psicólogo, me di cuenta de que los enfermos mentales crean un lenguaje paralelo que altera la realidad. Cuando esto ocurre en política, es que el país alucina, porque los políticos son incapaces de encontrar el nombre exacto de las cosas. Estamos en el juego de la alucinación colectiva. Los locos no son malos, sólo son locos, no descubren su locura pero ven lo mal que están los demás. Que yo haya situado la acción en unas elecciones en un psiquiátrico no es casual... Para mí nuestro sistema electoral está enfermo y loco. Y con este panorama los personajes tienen que ser capaces de sentir, gozar y vivir en un mundo distorsionado en el que las cosas no son lo que parecen. Las consecuencias de una crisis las sufren los infelices, los desgraciados, no los que van a la ópera, a la que se siguen destinando millones de euros.

P.- ¿Sigue sintiéndose cómodo en la polémica?
R.- En la vida, o un creador es perseguido o es que algo va mal. El autor tiene que ser el tábano que le pica al gobierno y no el que le aplaude. Esta obra mía esta escrita con una niña en los brazos dentro de una camioneta antisistema. Partiendo de la base de que el teatro tiene que ser entretenimiento, hay que considerar que a veces el escritor debe ser testigo de su tiempo. En ocasiones le canta a las flores y otras veces habla de los presos. Yo he tenido épocas más violentas. La edad nos hace más cautos y de mayor se te quita el humor. Es diferente tener humor y ser agresivo.

P.- ¿Encuentra, pues, dignos tábanos -de esos que surcan España en camionetas subversivas- entre las nuevas generaciones de dramaturgos?
R.- No, sinceramente. Aunque he encontrado una excepción en Fernando Quiñones con la obra El testigo.

P.- ¿A quién culpa de esa falta de crítica en el nuevo teatro?
R.- A los suplementos culturales, que son la censura oficial de España. Los jóvenes creadores los leen y hacen lo que ellos les dictan. Imponen un pensamiento estético y dan una representación sesgada de la producción cultural. ¿Qué se puede esperar de un país en el que una de sus mejores obras, El garrote más bien dado, se representa bajo el título de El alcalde de Zalamea? Pero el problema es también que los creadores dependen económicamente del Gobierno, así que acaban haciendo lo que les cantan. A mí, desde luego, esto ya me da igual.


Entrevista de Marta Caballero publicada en El Cultural

ALONSO DE SANTOSALONSO DE SANTOS
España es Telebasura

José Luis Alonso de Santos, después de más de dos décadas de éxitos como autor teatral comenzó una nueva etapa como director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con montajes de tanto éxito como “El burlador de Sevilla” o “Peribañez y el comendador de Ocaña”. Al mismo tiempo ha publicado un divertidísimo monólogo convertido en novela, “El Romano”. En su carrera como autor hay títulos que se han convertido en esenciales para comprender el teatro español contemporáneo, como “Bajarse al moro”, “El álbum familiar” o “La estanquera de Vallecas”.

P.- Ha sido publicada “El romano”, una de sus primeras obras teatrales, quizá de las más destacadas, que llevó a la escena Rafael Alvarez, El Brujo.
ALONSO DE SANTOS R.- “El Romano” es un monólogo o novela corta escrita para ser leída, fruto de numerosas correcciones y reelaboraciones, la historia de un pueblerino que sólo ha leído un libro en su vida, de romanos, y la casualidad le brinda la ocasión de dar una charla sobre el Imperio Romano. Todos tenemos una conferencia en el alma que queremos dar a alguien, incluso nos casamos para que nos la escuchen, y cuando hartamos a nuestro oyente, surge la separación y vamos a darle la charla a otro. “El Romano”, que fue llevada a escena por 'El Brujo' en 1983 y que se publica ahora por primera vez, desnuda las miserias del Imperio Romano, que no son otras que las de nuestro tiempo. La explicación del mundo está en el Imperio Romano, porque estudiarlo significa estudiar la historia de todos los imperios, de cómo se forman y se derrumban. El imperio romano se parece mucho al imperio norteamericano. Los romanos para defenderse tomaron una región, luego Italia, luego todo el Mediterráneo, toda África. Para defenderse tomaron todo el mundo. Pero no tomaron ni Germania ni lo que ahora es Iraq, y cayeron. Ahora Estados Unidos también ha tomado Iraq. Es el mismo modelo bélico, imperialista.

P.- “El Romano” , como todas sus obras, en realidad trata de la lucha del hombre contra la realidad.
R.- El libro cuenta la situación y sensaciones del pequeño hombre frente al mundo, frente a la inmensa montaña de la vida, es en realidad la historia de un perdedor e ingenuo. Tenemos conciencia de las dolencias de nuestro cuerpo, pero no de que estamos profundamente locos. Soy un pequeño hombre ante la montaña del mundo; no intento subirla, sólo la miro y escribo.

P.- Y al final queda, el sabor amargo de la derrota.
R.- La historia es lo que es, otra cosa es lo que nos hubiera gustado que fuera.

P.- ¿Cómo surge el proceso de convertir una obra teatral en novela?
R.- Comencé a convertir esta historia en una novela en un momento en que padeció mal de vértigo. Me tuve que quedar recluido en casa y comencé a trabajarla con una entera dedicación. Así que “El Romano” es fruto de la alucinación, de la enfermedad y también es algo contracultural, borde, agresivo y fuera de los sistemas. Yo era del teatro irreverente, más irreverente que ahora.

P.- En “El Romano” se aprecia muy claramente la personalidad de Alonso de Santos.
R.- Mi meta es la de crear una mirada particular, una forma de hablar cervantina, sencilla, directa y con cierto encanto que posibilite la comunicación con los demás.

P.- ¿No le gustaría que El Brujo volviera a llevar “El Romano” a escena?
R.- Aunque no descarto que en un futuro la obra se lleve al teatro, escribí “El Romano” pensando en el lector. El escenario pertenece al mundo del arte y los libros al de la cultura.

P.- A usted, a lo largo de su obra, le ha preocupado mucho la figura del perdedor.
R.- Sí. El protagonista de “El Romano” está preocupado de que no se pueda vivir de la cultura, de que estén todos enchufados. En realidad se trata de la situación del descolocado, del que acaba enloqueciendo. Es un juego entre lo cervantino, lo directo y el encanto.

P.- En ciudades como Madrid, por la tarde, o das una conferencia o te la dan.
R.- Sí, hay una superficialidad, una ingenuidad del mensaje cultural. Todo el que ha leído un libro da una conferencia. Cada español lleva dentro un sacerdote o un conferenciante; en cuanto los otros se descuidan soltamos a los demás nuestra verdad. Antes hacíamos teatro miles y muy pocos vivían de él. Ahora hacemos teatro y viven de él muchos; profesores, críticos… Hay una superficialidad muy grande en la vida cultural. No es que en España haya telebasura, sino que España es Telebasura.

P.- Una definición fuerte.
R.- Una cosa es lo que se es y otra lo que nos gustaría ser.

 
 
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