Ediciones Irreverentes
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Lourdes OrtizLourdes Ortiz

Escribí La Guarida motivada por la caída de las Torres Gemelas. Y la Guerra de Irak

Acaba de publicar con gran éxito la novela Las manos de Velázquez, y ha resultado ganadora del I Concurso de Literatura Dramática El Espectáculo Teatral con su obra La guarida. Recientemente publicada por Ediciones Irreverentes. Lourdes Ortiz, poco después de dejar la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) ha entrado en un torbellino creativo.

La GuaridaP.- Nada más aparecer su novela Las manos de Velázquez se ha convertido en un éxito. ¿Cómo le surgió la idea?

R.- Yo dirigía la Real Escuela Superior de Arte Dramático, la RESAD. Cuando acabé de trabajar en la RESAD y me jubilé, después de 30 años, pensé que había llegado el momento de escribir tranquilamente sobre el artista, sobre la diferencia entre el artista y su obra, una diferencia que no siempre es entendida, y quería que no fuera un ensayo, sino una novela. Escribo desde la experiencia personal del protagonista, Teodoro, el catedrático, desde sus celos de hombre maduro enamorado y procuro que se entremezclen sus conocimientos de hombre experto en arte y de hombre enamorado. La narración salta continuamente del siglo XVII a nuestros días. Hay quien dice que le incita a ir de nuevo a ver la obra de Velázquez al Museo del Prado.

P.- También hay descubrimientos. No me diga que usted, gran experta en arte, tiene influencias del Código Da Vinci.
R.- El Código Da Vinci es una novela entretenida, con mucho trucos, es una novela bien hecha para los amantes de los juegos de rol y de los juegos de ordenador, pero con errores históricos y artísticos; es una tomadura de pelo. En Las manos de Velázquez he seguido mi propio camino, con una investigación seria y rigurosa. La trama está basada en datos y hechos serios y documentados. Incluso cuando el protagonista cree hacer un descubrimiento se plantea como hipótesis y tengo que decir que incluso esas hipótesis están muy documentadas. Teodoro, presa inicia una investigación sobre Velázquez, en la que se plantean unas hipótesis, como el supuesto hijo bastardo del artista, una posible misión diplomática en Italia y también la posibilidad de un encuentro, posiblemente amoroso, con una de las pintoras más importante de la época, Artemisa Gentileschi, todo en el marco de una Italia liberal y corrupta y de una España mortecina.

P.- Ha hecho usted como Umberto Eco con El nombre de la Rosa, que utilizó su doctorado sobre Tomás de Aquino para escribir una novela
R.- Hay un paralelismo. Me he pasado treinta años como profesora de arte, esa experiencia, los conocimientos que he ido adquiriendo, están detrás de la novela. Hubiera podido hacer un ensayo, pero preferí decantarme por la narrativa. Es muy interesante enfrentarte a los conocimientos adquiridos en un largo período de estudios y convertir datos y más datos en una ficción. La literatura nos permite profundizar, buscar en los huecos de la vida de los personajes históricos que el historiador no puede permitirse abordar.

P.- Velázquez en su época, como todos los artistas, era considerado como un artesano, un siervo de los poderosos. Mozart en su época tuvo que luchar y sufrir la miseria para liberarse de esa condición. ¿Queda algo de esa forma de ver al creador?
R.- La idea de la libertad del autor es muy reciente, es contemporánea. No se considera al autor un hombre libre hasta finales del S.XIX o principios del S.XX. Parte de la idea del individualismo como forma de expresarse. Esa novedad no significa que el autor no esté sometido a las mismas influencias que en otras épocas; la diferencia es que antes el artista dependía de un mecenas y que ahora depende del mercado.

P.- Usted ha sido finalista del Premio Planeta. ¿Cómo influye en la carrera de un escritor?
R.- Al principio es muy importante. Pero tras un momento de esplendor que al escritor le viene muy bien, porque se venden muchos más libros y se amplía el público al que llega tu obra, el escritor se enfrenta a un mercado olvidadizo, en el que las ventas dependerán de si se despierta con cada nueva obra el interés del lector. Creo que La fuente de la vida, con la que quedé finalista en el Premio Planeta no es ni mejor ni peor que otras de mis novelas

Ganadora del Premio
El Espectáculo Teatral

R.-Y junto a Las Manos de Velázquez acaba de presentar una obra de teatro, La guarida, publicada por Ediciones Irreverentes, con la que ganó el Premio El Espectáculo Teatral, que define como un experimento.
P.- Hago dos tipos de obras de teatro. Hay una serie de obras que escribo porque me apetece: no mido el número de personajes ni me planteo si es comercial o si se puede representar; suelen estar basadas en la mitología o tienen un lenguaje poético con una riqueza diferente y están destinadas, directamente, a grupos experimentales. Y hay otras, como El cascabel al gato, El mundo del revés, o La guarida, que he escribo como un reto: yo he sido profesora de la RESAD y me planteaba ejercicios de escribir obras representables para los alumnos. La guarida es de estas obras: quería escribir una obra de una cierta complejidad pero que, al mismo tiempo, fuera comercial y sencilla. Escribí un texto con la típica situación cerrada, en la que unos personajes llegan por casualidad a un lugar y, a raíz de ello, se crea una situación absurda y se desencadenan una serie de conflictos.

P.- En La guarida hay un personaje con cierto aire mitológico, Nemo.
R.- Si, suelo tener personajes con referencias clásicas, como Fedra o el propio Luis II de Baviera, pero en este caso lo que pretendía era escribir una obra más cercana, más cotidiana, con temas de todos los días, aunque sea con una estructura que tiene algo de simbólico. Nemo está aislado, enclaustrado. Le acompaña una especie de Watson, que es el doctor Edgar y, de repente, en esa torre de marfil que se ha construido, irrumpe la vida, en forma de accidente de aviación. Se encuentran en un estado alterado de nervios y de excitación, que no es el normal de cuando llegas de visita a una casa, un lugar inhóspito, y eso es lo que provoca los conflictos que van a producirse.

P.- ¿Cómo surgió la idea?
R.- Motivada por la caída de las Torres Gemelas. Y la Guerra de Irak sirvió de catalizador. Nemo está rodeado de imágenes terroríficas de los horrores del mundo. Mi Nemo, como el de Verne, está sumergido en su batiscafo simbólico, rodeado de todas esas imágenes de la realidad de la que huye, pero que no quiere olvidar. Y que, de repente, le vuelve a salpicar, en forma de la llegada de unos personajes que traen consigo la confusión.

P.- ¿Quién le gustaría que representara La Guarida?
R.- Es una obra sencilla, en la que el grueso del trabajo recae en los actores, así que lo que habría que pedirle es, simplemente, que sepa extraer del texto lo mejor que hay y que sepa dar a los actores la autonomía que precisan. Evidentemente, no es Otelo: no es una obra compleja de montar y puede crecer o disminuir si los actores son buenos o malos. No he pensado en ningún director, pero ahora que me preguntas, el papel de Nemo me lo imagino con la presencia del calvo de la lotería.


Columna de apoyo
Lourdes Ortiz nace en Madrid en 1943. Fue directora de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) desde el año 1991 a 1993, además de profesora de Historia del Arte en dicha escuela hasta hace menos de un año. Novelista de éxito, ha triunfado con obras como Camas, Picadura mortal, Antes de la batalla, El sueño de la pasión y Fátima de los naufragios y fue finalista del premio Planeta en 1995 con su novela La fuente de la vida. Lourdes Ortiz es también autora de los textos teatrales como Las murallas de Jericó (1979), Penteo (1982), Fedra (1983), Cenicienta (1986), Judita (1986), Electra-Babel (1991), El cascabel del gato (1994), El local de Bernardeta A (1994), Dido en los infiernos (1996), y El Rey loco (1999). Participa en tertulias de diversos programas de radio y televisión.

 
 
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