P.-
Nada más aparecer su novela Las manos de Velázquez
se ha convertido en un éxito. ¿Cómo
le surgió la idea?
R.- Yo dirigía la Real Escuela
Superior de Arte Dramático, la RESAD. Cuando acabé
de trabajar en la RESAD y me jubilé, después
de 30 años, pensé que había llegado
el momento de escribir tranquilamente sobre el artista,
sobre la diferencia entre el artista y su obra, una diferencia
que no siempre es entendida, y quería que no fuera
un ensayo, sino una novela. Escribo desde la experiencia
personal del protagonista, Teodoro, el catedrático,
desde sus celos de hombre maduro enamorado y procuro que
se entremezclen sus conocimientos de hombre experto en arte
y de hombre enamorado. La narración salta continuamente
del siglo XVII a nuestros días. Hay quien dice que
le incita a ir de nuevo a ver la obra de Velázquez
al Museo del Prado.
P.- También
hay descubrimientos. No me diga que usted, gran experta
en arte, tiene influencias del Código Da Vinci.
R.- El Código Da Vinci
es una novela entretenida, con mucho trucos, es una novela
bien hecha para los amantes de los juegos de rol y de
los juegos de ordenador, pero con errores históricos
y artísticos; es una tomadura de pelo. En Las manos
de Velázquez he seguido mi propio camino, con una
investigación seria y rigurosa. La trama está
basada en datos y hechos serios y documentados. Incluso
cuando el protagonista cree hacer un descubrimiento se
plantea como hipótesis y tengo que decir que incluso
esas hipótesis están muy documentadas. Teodoro,
presa inicia una investigación sobre Velázquez,
en la que se plantean unas hipótesis, como el supuesto
hijo bastardo del artista, una posible misión diplomática
en Italia y también la posibilidad de un encuentro,
posiblemente amoroso, con una de las pintoras más
importante de la época, Artemisa Gentileschi, todo
en el marco de una Italia liberal y corrupta y de una
España mortecina.
P.- Ha hecho usted
como Umberto Eco con El nombre de la Rosa, que utilizó
su doctorado sobre Tomás de Aquino para escribir
una novela
R.- Hay un paralelismo. Me
he pasado treinta años como profesora de arte,
esa experiencia, los conocimientos que he ido adquiriendo,
están detrás de la novela. Hubiera podido
hacer un ensayo, pero preferí decantarme por la
narrativa. Es muy interesante enfrentarte a los conocimientos
adquiridos en un largo período de estudios y convertir
datos y más datos en una ficción. La literatura
nos permite profundizar, buscar en los huecos de la vida
de los personajes históricos que el historiador
no puede permitirse abordar.
P.- Velázquez
en su época, como todos los artistas, era considerado
como un artesano, un siervo de los poderosos. Mozart en
su época tuvo que luchar y sufrir la miseria para
liberarse de esa condición. ¿Queda algo
de esa forma de ver al creador?
R.- La idea de la libertad
del autor es muy reciente, es contemporánea. No
se considera al autor un hombre libre hasta finales del
S.XIX o principios del S.XX. Parte de la idea del individualismo
como forma de expresarse. Esa novedad no significa que
el autor no esté sometido a las mismas influencias
que en otras épocas; la diferencia es que antes
el artista dependía de un mecenas y que ahora depende
del mercado.
P.- Usted ha sido
finalista del Premio Planeta. ¿Cómo influye
en la carrera de un escritor?
R.- Al principio es muy importante.
Pero tras un momento de esplendor que al escritor le viene
muy bien, porque se venden muchos más libros y
se amplía el público al que llega tu obra,
el escritor se enfrenta a un mercado olvidadizo, en el
que las ventas dependerán de si se despierta con
cada nueva obra el interés del lector. Creo que
La fuente de la vida, con la que quedé finalista
en el Premio Planeta no es ni mejor ni peor que otras
de mis novelas
Ganadora del Premio
El Espectáculo Teatral
R.-Y junto a Las
Manos de Velázquez acaba de presentar una obra
de teatro, La guarida, publicada por Ediciones Irreverentes,
con la que ganó el Premio El Espectáculo
Teatral, que define como un experimento.
P.- Hago dos tipos de obras
de teatro. Hay una serie de obras que escribo porque me
apetece: no mido el número de personajes ni me
planteo si es comercial o si se puede representar; suelen
estar basadas en la mitología o tienen un lenguaje
poético con una riqueza diferente y están
destinadas, directamente, a grupos experimentales. Y hay
otras, como El cascabel al gato, El mundo del revés,
o La guarida, que he escribo como un reto: yo he sido
profesora de la RESAD y me planteaba ejercicios de escribir
obras representables para los alumnos. La guarida es de
estas obras: quería escribir una obra de una cierta
complejidad pero que, al mismo tiempo, fuera comercial
y sencilla. Escribí un texto con la típica
situación cerrada, en la que unos personajes llegan
por casualidad a un lugar y, a raíz de ello, se
crea una situación absurda y se desencadenan una
serie de conflictos.
P.- En La guarida
hay un personaje con cierto aire mitológico, Nemo.
R.- Si, suelo tener personajes
con referencias clásicas, como Fedra o el propio
Luis II de Baviera, pero en este caso lo que pretendía
era escribir una obra más cercana, más cotidiana,
con temas de todos los días, aunque sea con una
estructura que tiene algo de simbólico. Nemo está
aislado, enclaustrado. Le acompaña una especie
de Watson, que es el doctor Edgar y, de repente, en esa
torre de marfil que se ha construido, irrumpe la vida,
en forma de accidente de aviación. Se encuentran
en un estado alterado de nervios y de excitación,
que no es el normal de cuando llegas de visita a una casa,
un lugar inhóspito, y eso es lo que provoca los
conflictos que van a producirse.
P.- ¿Cómo
surgió la idea?
R.- Motivada por la caída
de las Torres Gemelas. Y la Guerra de Irak sirvió
de catalizador. Nemo está rodeado de imágenes
terroríficas de los horrores del mundo. Mi Nemo,
como el de Verne, está sumergido en su batiscafo
simbólico, rodeado de todas esas imágenes
de la realidad de la que huye, pero que no quiere olvidar.
Y que, de repente, le vuelve a salpicar, en forma de la
llegada de unos personajes que traen consigo la confusión.
P.- ¿Quién
le gustaría que representara La Guarida?
R.- Es una obra sencilla,
en la que el grueso del trabajo recae en los actores,
así que lo que habría que pedirle es, simplemente,
que sepa extraer del texto lo mejor que hay y que sepa
dar a los actores la autonomía que precisan. Evidentemente,
no es Otelo: no es una obra compleja de montar y puede
crecer o disminuir si los actores son buenos o malos.
No he pensado en ningún director, pero ahora que
me preguntas, el papel de Nemo me lo imagino con la presencia
del calvo de la lotería.
Columna de apoyo
Lourdes Ortiz nace en Madrid en 1943. Fue directora
de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD)
desde el año 1991 a 1993, además de profesora
de Historia del Arte en dicha escuela hasta hace menos
de un año. Novelista de éxito, ha triunfado
con obras como Camas, Picadura mortal, Antes de la batalla,
El sueño de la pasión y Fátima de
los naufragios y fue finalista del premio Planeta en 1995
con su novela La fuente de la vida. Lourdes Ortiz es también
autora de los textos teatrales como Las murallas de Jericó
(1979), Penteo (1982), Fedra (1983), Cenicienta (1986),
Judita (1986), Electra-Babel (1991), El cascabel del gato
(1994), El local de Bernardeta A (1994), Dido en los infiernos
(1996), y El Rey loco (1999). Participa en tertulias de
diversos programas de radio y televisión.
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