Ediciones Irreverentes
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Javier MembaJavier Memba
y sus pasiones literarias más ocultas

Javier Memba ha reunido algunos de sus mejores artículos sobre libros, cine y cómic publicados en El Mundo y en elmundolibro.com en "Mi adorada Nicole y otras perversiones", publicado por Ediciones Irreverentes en su colección Rara Avis. Tod auna joya para los amantes más puro de la literatur

Mi adorada Nicole y otras perversionesP.- ¿Cómo surgió la publicación de Mi adorada Nicole?
R.- En realidad, la selección es obra de mi editor, Miguel Ángel de Rus, pero yo estoy totalmente de acuerdo con ella. Tanto en la selección, como en los artículos que escribí para el mundolibro primó siempre la excelencia literaria por encima de las lecturas al uso. Ya tiene bastantes apologistas la literatura comercial como para abundar en su alabanza.

P.- ¿Cuáles on las perversiones del libro?
R.- Lo de la "perversión" no es más que una expresión. Aunque, visto desde la perspectiva que puede causar en el pensamiento de quienes no leen, la lectura -aunque dicho pensamiento pase por ser rebelde, inconformista- sí puede llegar a ser perversa. Por ejemplo, el santoral progre tiene dos de sus grandes deidades en Antonio Machado y Miguel Hernández. No deja de ser perverso sostener que el dichoso Machado fue un pederasta que en nuestros días hubiese estado en la cárcel por casarse con una adolescente de catorce primaveras y que Miguel Hernández, por más estaciones de metro que tenga, fue un estalinista convencido que dedicó varios poemas a uno de los asesinos más grandes que ha alumbrado la Humanidad. La rebeldía simplona de quienes reivindican a estos poetas es tan abominable como la reacción. Seguro que una buena parte de nuestra intelectualidad considera "perversa" la lectura de esta afirmación.

P.- ¿Qué autores le interesan especialmente?
R.- Balzac, cuya Comedia humana, a mi juicio, es el pórtico de toda la novela posterior, y Víctor Hugo. Me aguijonea el alma especialmente que no haya una traducción española de El hombre que ríe, cuya versión cinematográfica, dirigida por Paul Leni en 1928, constituye una de las cintas inaugurales del cine de terror de la Universal.

P.- Es un apasionado espectador de cine, y de algunos tipos en concreto, como puede verse en el libro.
R.- Del cine antiguo y el de autor. El cine actual me interesa en la misma medida que puede interesarle el arte contemporáneo a un arqueólogo. Bien es verdad que todas las temporadas hay siete u ocho títulos que me llaman la atención. Pero aborrezco a Woody Allen y Clint Eastwood, entre otros dogmas de la pantalla de nuestro tiempo.

P.- ¿De dónde sale el título de Mi adorada Nicole?
R.- Es una casualidad debida al acierto de Nuria Labari, que durante un tiempo tituló los artículos de elmundolibro. Cuando llegó el momento de reseñar una biografía de Nicole Kidman recién llegada a las librerías sobre la que escribí, puso ese título a la pieza que ahora se ha recogido. Por lo demás, Nicole Kidman me parece una de las actrices más sugerentes de la pantalla actual. Esa frialdad que le reprochan sus detractores -quienes por otro lado no son más que esos enanos criticando a Gulliver de los que nos habla el gran Truffaut- es lo que más la acerca a las grandes musas del cine de los años 40, mi favorito.

P.- El libro trata de literatura en gran parte, escribe sobre cine y sólo hay un personaje de cómic, Tintín.
R.- Para mí Tintín es mucho más que el hermano mayor de ese hijo único que fui cuando era niño. En lo que a mí respecta, el mejor periodista del mundo es algo así como Santo Tomás para los teólogos. Mi código moral está basado en su poesía. Aprendí el valor de la abnegación y el esfuerzo en esa viñeta de Tintín en el Tíbet, la más conmovedora de las aventuras del valiente, en que Milú duda entre llevar el mensaje de socorro a la lamasería o roer el hueso que la tentación pone a su alcance. Como cualquier tintinófilo que se precie, Tintín es la más genuina representación de mi infancia infinita. Su bravura me devuelve a aquellos domingos de hace más de cuarenta años en que desayunaba en la cama pan untado con tomate Intercasa. Mi ejemplar de La Isla Negra, primera edición española por supuesto, aún está manchado de aquella delicia. Salvo en casos muy contados y concretos, no creo que Tintín pueda aportar nada al lector de cómics actual. Su encanto es demasiado lento y elevado para nuestros días.

P.- Usted fue uno de los 150 novelistas que tanto molestaron a Cela.
R.- La de los 150 fue una generación efímera y coyuntural. Llamó mucho la atención porque, por primera vez desde la Guerra Civil, se empezaban a publicar ficciones ajenas al conflicto y sus asuntos satélites. Muy probablemente, a Cela le molestó tanto porque fue un atisbo de algo nuevo. Pero, a la larga, llevaba razón cuando decía que tamaña nómina era una broma.

P.- ¿Es feliz siendo escritor?
R.- Pese al debate continuo con la falta de dinero, que en mi caso conlleva ganarme la vida escribiendo, me siento muy feliz de poder hacerlo. Mientras mi nombre rubrique el texto y llegue al lector, me es igual que sean novelas, ensayos o artículos.

 
 
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