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P.-
¿Cómo surgió la publicación
de Mi adorada Nicole?
R.- En realidad, la selección es obra de
mi editor, Miguel Ángel de Rus, pero yo estoy totalmente
de acuerdo con ella. Tanto en la selección, como
en los artículos que escribí para el mundolibro
primó siempre la excelencia literaria por encima
de las lecturas al uso. Ya tiene bastantes apologistas
la literatura comercial como para abundar en su alabanza.
P.- ¿Cuáles
on las perversiones del libro?
R.- Lo de la "perversión" no
es más que una expresión. Aunque, visto
desde la perspectiva que puede causar en el pensamiento
de quienes no leen, la lectura -aunque dicho pensamiento
pase por ser rebelde, inconformista- sí puede llegar
a ser perversa. Por ejemplo, el santoral progre tiene
dos de sus grandes deidades en Antonio Machado y Miguel
Hernández. No deja de ser perverso sostener que
el dichoso Machado fue un pederasta que en nuestros días
hubiese estado en la cárcel por casarse con una
adolescente de catorce primaveras y que Miguel Hernández,
por más estaciones de metro que tenga, fue un estalinista
convencido que dedicó varios poemas a uno de los
asesinos más grandes que ha alumbrado la Humanidad.
La rebeldía simplona de quienes reivindican a estos
poetas es tan abominable como la reacción. Seguro
que una buena parte de nuestra intelectualidad considera
"perversa" la lectura de esta afirmación.
P.- ¿Qué
autores le interesan especialmente?
R.- Balzac, cuya Comedia humana, a mi juicio,
es el pórtico de toda la novela posterior, y Víctor
Hugo. Me aguijonea el alma especialmente que no haya una
traducción española de El hombre que ríe,
cuya versión cinematográfica, dirigida por
Paul Leni en 1928, constituye una de las cintas inaugurales
del cine de terror de la Universal.
P.- Es un apasionado
espectador de cine, y de algunos tipos en concreto, como
puede verse en el libro.
R.- Del cine antiguo y el de autor. El cine actual
me interesa en la misma medida que puede interesarle el
arte contemporáneo a un arqueólogo. Bien
es verdad que todas las temporadas hay siete u ocho títulos
que me llaman la atención. Pero aborrezco a Woody
Allen y Clint Eastwood, entre otros dogmas de la pantalla
de nuestro tiempo.
P.- ¿De
dónde sale el título de Mi adorada Nicole?
R.- Es una casualidad debida al acierto de Nuria
Labari, que durante un tiempo tituló los artículos
de elmundolibro. Cuando llegó el momento de reseñar
una biografía de Nicole Kidman recién llegada
a las librerías sobre la que escribí, puso
ese título a la pieza que ahora se ha recogido.
Por lo demás, Nicole Kidman me parece una de las
actrices más sugerentes de la pantalla actual.
Esa frialdad que le reprochan sus detractores -quienes
por otro lado no son más que esos enanos criticando
a Gulliver de los que nos habla el gran Truffaut- es lo
que más la acerca a las grandes musas del cine
de los años 40, mi favorito.
P.- El libro trata
de literatura en gran parte, escribe sobre cine y sólo
hay un personaje de cómic, Tintín.
R.- Para mí Tintín es mucho más
que el hermano mayor de ese hijo único que fui
cuando era niño. En lo que a mí respecta,
el mejor periodista del mundo es algo así como
Santo Tomás para los teólogos. Mi código
moral está basado en su poesía. Aprendí
el valor de la abnegación y el esfuerzo en esa
viñeta de Tintín en el Tíbet, la
más conmovedora de las aventuras del valiente,
en que Milú duda entre llevar el mensaje de socorro
a la lamasería o roer el hueso que la tentación
pone a su alcance. Como cualquier tintinófilo que
se precie, Tintín es la más genuina representación
de mi infancia infinita. Su bravura me devuelve a aquellos
domingos de hace más de cuarenta años en
que desayunaba en la cama pan untado con tomate Intercasa.
Mi ejemplar de La Isla Negra, primera edición española
por supuesto, aún está manchado de aquella
delicia. Salvo en casos muy contados y concretos, no creo
que Tintín pueda aportar nada al lector de cómics
actual. Su encanto es demasiado lento y elevado para nuestros
días.
P.- Usted fue
uno de los 150 novelistas que tanto molestaron a Cela.
R.- La de los 150 fue una generación efímera
y coyuntural. Llamó mucho la atención porque,
por primera vez desde la Guerra Civil, se empezaban a
publicar ficciones ajenas al conflicto y sus asuntos satélites.
Muy probablemente, a Cela le molestó tanto porque
fue un atisbo de algo nuevo. Pero, a la larga, llevaba
razón cuando decía que tamaña nómina
era una broma.
P.- ¿Es feliz siendo
escritor?
R.- Pese al debate continuo
con la falta de dinero, que en mi caso conlleva ganarme
la vida escribiendo, me siento muy feliz de poder hacerlo.
Mientras mi nombre rubrique el texto y llegue al lector,
me es igual que sean novelas, ensayos o artículos.
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